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¿Empresarios estadistas?

Escrito por  Ginés Sánchez Abr 20, 2021

En cuestiones de Estado el peor pecado, antes incluso que la corrupción misma, o acaso la peor de sus formas, es la improvisación. Esto lo padecimos en México con el advenimiento de un oportunista que vio en el fin de un largo ciclo de gobierno de partido de Estado en México la forma de acceder a los negocios en grande. Este fue Vicente Fox Quesada, que antes fue un empresario con múltiples fracasos en sus incursiones a los ramos de la agroindustria, fue más un alto ejecutivo de una empresa trasnacional, en la cual, máxime en México, sus refrescos se venden prácticamente solos. Donald Trump guarda algunas similitudes con el referido caso mexicano.

Ambos personajes en cuestión ganaron sus campañas con enemigos que evocaban lugares comunes y abstractos, “China, México y el muro”, de Trump; “los dinosaurios y peces gordos a encarcelar”, de Vicente Fox, además del facilote “sacar al PRI de Los Pinos”, sin nunca haber especificado qué es lo que proponía meter a dicha residencia (hoy museo del oprobio nacional) en su lugar.

Una particularidad de Trump, y es eso lo que hace que continúe y vaya a seguir con una base electoral innegablemente fuerte, fue el de haberse presentado a las elecciones de 2016 como un outsider, un personaje externo al sistema, que lleva ya décadas monopolizado en poder político en un puñado de familias, mismas que han dejado de lado el interés general por el de una pequeñísima élite financiera especulativa, dueña, socia o comparsa, entre otras megaempresas, incluidos gigantes de los medios de comunicación masiva.

Por su parte, si bien con no pocos fracasos en sus emprendimientos de negocios, como una bebida alcohólica propia con su marca Trump (un vodka), una universidad, una aerolínea y hasta un juego de mesa, entre otros, él sí ha sido muy exitoso en el ramo inmobiliario. Pero, en fin, el hecho que nos atañe es el lastimoso final que las administraciones de estos dos tipos, advenedizos en política tuvieron en sus últimos meses y, sobre todo, semanas; la forma ignominiosa de entregar el poder por los dos es de una similitud que da miedo, y no es sino debido a la ya citada falta de oficio político.

Insisto, Trump, a diferencia de Fox, cuando menos tomó algunas banderas del pueblo norteamericano indignado, que vaya que también lo hay, e intentó dar cauce a sus más hondas demandas, problemas e inquietudes; logró construir una importante base político-electoral, cosa que Fox hizo a la inversa: admirado, popular, aceptado y aplaudido en la campaña; repudiado y sin partidarios reales al final del mismo. Sin embargo, las escenas del Congreso mexicano en el año 2006 y del Capitolio gringo hace pocos meses (2021) nos recuerdan la lección de “zapatero a tu zapato”, o puede que también nos evoque a una de las sentencias más famosas pronunciadas por el icónico líder uruguayo de izquierda, don Pepe Mujica: “si te gusta la plata, andate al comercio o a la industria; aléjate de la política”, porque el servicio público precisa de una mística que es un rara avis en el sector privado (un ejemplo en nuestro país sería el profesor Hank, en el siglo pasado).

Nuevos actores, a manera de los “espontáneos” que saltan a los ruedos en las corridas de toros, sólo pueden provocar caos y turbulencia, al asemejarse a chivos en cristalería, la osadía de algunos barones del dinero incursionando en terrenos desconocidos para ellos, que suponen las delicadísimas tareas de Estado, sólo pueden representar incluso, un crimen público; hoy aún lo padecemos, con individuos de la peor calaña, como Claudio Xicoténcatl González.

No olvidar también que, precisamente, el eje principal de la Cuarta Transformación, es ir volviendo a delinear una clara frontera entre Estado y mercado; poder político y económico, misma que en los hechos había sido casi borrada por completo en los últimos sexenios, causando todo tipo de males, comenzando por el obsceno aumento de la desigualdad. n