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Rapacidad neoliberal y fútbol

Escrito por  Ginés Sánchez Abr 27, 2021

La desregulación, una de las características del neoliberalismo, que de ser una serie de atinadas, pero se entendía que pasajeras, recetas para sanear las finanzas de países que llevaban un rumbo errático (como el México de Echeverría y López Portillo) debido a excesos estatizantes, y ariete también para terminar de matar un sistema, como el de los socialismos realmente existentes, que siempre resultaron inviables, dado simplemente la naturaleza de la condición humana, se vino deformando hasta lo mismo que fue su reverso de la moneda: un dogma cuasi apocalíptico, que ha acarreado como consecuencia un debilitamiento de los Estados nacionales; una supremacía del poder económico sobre el político, que tiene como principalísimo resultado el de una ominosa, ofensiva y creciente desigualdad en nuestro de por sí disfuncional mundo.

Hoy lo que nos atañe es el intento de franca invasión de esta doctrina deshumanizante, rapaz y perversa en el deporte más popular del mundo, quizá muchas veces la única o cuando menos de las principales alegrías de miles de millones de seres humanos, como es el juego más hermoso del planeta: el fútbol. Y es que, del liderazgo de un magnate español, como Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, y un grupo muy selecto de equipos inmensamente ricos y poderosos, amenazan aún, a pesar de su rechazo multitudinario, con un cisma, acaso una situación inédita en este mundo convertido en balón, de crear una exclusiva liga europea, saltándose todas las trancas, es decir sin la bendición de la Fifa, la Uefa, federaciones y también ya los gobiernos de los países donde participan los clubes en cuestión.

El objetivo, obvio, es dinero, dinero y más dinero. ¿Para quién? Pues, emulando la dinámica neoliberal que mueve al mundo: para un puñado de hombres de negocios, fondos de inversión, televisoras y marcas comerciales, sin importar la afición y el poco romanticismo que aún queda en el deporte.

Una de las maravillas del fútbol es lo atractivo que resulta el que clubes y selecciones modestas puedan, en cualquier momento y a la manera de David contra Goliat, dar una campanada y ganarle a uno de los gigantes; sin eso, el fútbol sería un cadáver con vida artificial.

Florentino Pérez aseguró en entrevista el tan gastado sofisma de que “el dinero de arriba, a manera de pirámide, permeará a los de más abajo”. A estas alturas, sólo alguien muy estúpido puede creer ese engaño, por medio del cual se han impuesto políticas de la más baja calaña, en beneficio del famoso 1 por ciento y en perjuicio de la mayoría de la humanidad; al pasarse por el arco del triunfo a las federaciones, las opiniones de jugadores, entrenadores y la misma afición, además de (ni más ni menos) las poderosísimas autoridades, encarnadas en la Uefa y en la Fifa; se les pretende relegar, a manera de calca de lo que se ha venido haciendo con los Estados en el mundo entero.

Estos pocos equipos, sin darse cuenta quizá, o peor aun, sabiéndolo, pero privilegiando sus intereses económicos, pueden, sin más, matar al fútbol.

Lo menos malo que puede ya suceder a estas alturas es evitar el cisma: que sea la intentona de la súper liga un chantaje muy bien armado, con el mismo fin, pero sin causar un daño irreparable, que resultaría en la división de dos mundos futbolísticos, el de las ligas nacionales y continentales, los mismísimos mundiales de fútbol, como el de Qatar, donde por cierto el neoliberalismo famoso ya ha hecho su parte, con la utilización de mano de obra nepalí cuasi esclava para la construcción de sus estadios, con su dosis poco mencionada de pérdidas de vidas humanas en el país árabe, y el reducido club de multimillonarios de la súper liga.

Pase lo que pase, es una prueba de fuego esta intentona para autoridades del fútbol a nivel internacional, así como para entrenadores, afición y los gobiernos mismos: ejemplares y permanentes sanciones a todo el que participe de este intento obsceno de liga elitista, paradójicamente, en el deporte más popular del mundo. En una frase de Maradona se puede resumir todo: “La pelota no se mancha”. n