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¿Un oficialismo débil?

Escrito por  Ginés Sánchez May 03, 2021

Los casos de Guerrero y Michoacán sólo nos confirman que el daño infligido al sistema electoral mexicano en 2006 no sólo está aún causando estragos al país y estorbando a la democracia, sino que la situación, gracias a parche sobre parche al Frankenstein que es ya hoy la legislación electoral, va en picada hacia una decadencia cada vez mayor; los golpes al oficialismo por el INE y el TEPJF no pueden hacer sino recordarnos al caso de Pedro Lascurain Paredes, presidente de México por 45 minutos después de la ominosa Decena Trágica, utilizando las leyes contra el pueblo y a favor de los intereses más viles.

El partido Morena, el presidente López Obrador y su gabinete, no pueden permanecer en actitud de impavidez, de “abrazos, todo por la razón, y nada por la fuerza”; nunca siquiera sugeriría usar la ley burlándose de ella y de la ciudadanía mexicana, como lo ha hecho, tan burdamente, la autoridad electoral, simplemente que el Estado, cuyo jefe es el presidente López Obrador, active sus instituciones para responder a ese juego sucio, pero con la ley y la justicia en la mano, y en favor de la segunda, siempre.

Hay candidatos que se están gastando dineros provenientes del crimen organizado, de empresas transnacionales y mexicanas, de personajes que pretenden sacar como beneficio varios números enteros como dividendo a lo que están invirtiendo en dichas campañas, y todo eso es por fuera de toda fiscalización; no hay manera que sea muy fácil, pues, de revisarlo, porque incluso sabido es que en épocas electorales el sistema financiero detecta un más que significativo aumento en el nivel de dinero en efectivo circulante.

Si la UIF de Santiago Nieto se aplicara al respecto, más de un candidato a gobernador tendría, no sólo que ser retirado de la contienda, sino procesado penalmente por delitos de operaciones con recursos de procedencia ilícita, electorales (hoy ya considerados como graves) y hasta de delincuencia organizada.

Si el gobierno no responde a los recientes golpes del INE/TEPJF, no estará sino enviando un mensaje de debilidad institucional, superando hasta la imagen de flaqueza, llevada hasta la percepción radical de una franca ausencia del Estado, sólo vista en los dos sexenios de extracción panista (2000-2012).

Ojalá que se ponga el gobierno federal las pilas. Esto sería por el bien de todos. n