De Ebrard a Serranía

Escrito por  Ginés Sánchez May 11, 2021

Siempre hay una cabeza en cualquier empresa, sea del sector público o del privado; también, de cualquier institución, así como de cualquier agrupación de la sociedad civil: sindicatos, organizaciones no gubernamentales, asociaciones civiles, universidades y un enorme etcétera.

En el terremoto de 2017 se cayó un colegio; murieron niños ahí; su culpa era estar en un rutinario día de clases. Hubo, y está documentado, imprudencias de la dueña y directora del plantel educativo, cuyo error fue construir una casa, se presume que con alberca incluida, encima de los salones colapsados, y sin respetar escrupulosamente los reglamentos vigentes de construcción; la señora, además del enorme pesar por la suerte de sus niños con ese espantoso final, la estrepitosa interrupción de su negocio familiar de décadas, y su trabajo y sustento mismos, tuvo que ir a parar a la cárcel por homicidio imprudencial. Por cierto, después de ese evento catastrófico dicha Línea Dorada sufrió más daños que las fallas mismas que tuvo en origen, y que el también hoy ya ex jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera, se cansó de publicitar como subsanadas. Hoy vemos que estuvieron muy lejos de serlo.

Quiero pensar que exactamente bajo la misma lógica jurídica y con las evidencias de criminal omisión en cuanto a la negligencia de no atender las fallas (fracturas en las columnas y desnivel de las trabes, entre otras linduras), que sin duda fueron la causa del espeluznante accidente del Metro de la Ciudad de México y que fueron objeto de numerosos avisos a la funcionaria en cuestión, donde hubo al menos 25 fallecidos y más de 70 heridos graves, la también titular de la tercera empresa paraestatal más grande e importante de este país (después de Pemex y CFE), como lo es el Sistema de Transporte Colectivo Metro, Florencia Serranía, debería correr la misma suerte, o sea pagar con pena corporal y ejemplar su gestión más que mediocre y a todas luces corrupta y cercana a lo criminal, la cual lleva más accidentes graves en ese sistema de transporte colectivo que en todo su anterior medio siglo de historia.

¿O qué? ¿Como antes de la época de la Reforma, existen un fuero ciudadano para el sector privado, y otro (con pleno goce de privilegios) para elementos del sector público, máxime del gobierno en funciones?

Esa respuesta la tendremos en unas cuantas semanas. En cuanto al caso del hoy canciller Marcelo Ebrard Casaubón, su deber político no es sólo el “ponerse a disposición de las autoridades”, sino renunciar, explícita y públicamente, a cualquier aspiración presidencial al final del presente sexenio, porque no es ningún secreto todo lo que englobó esa precipitada y opaca obra pública, esto es la Línea 12 del Metro, hoy ya tan tristemente famosa; tiene su origen en su gestión como jefe de Gobierno de la ciudad capital. n