Un ciudadano en CDMX

Escrito por  Ginés Sánchez May 25, 2021

En el ya icónico discurso que pronunció el malogrado candidato del PRI a la Presidencia, en el monumento a la Revolución, Luis Donaldo Colosio, mencionaba algo referente a un mal burocrático que ha aquejado a México por décadas, esto es “la arrogancia en las oficinas gubernamentales”.

Bien, escribo esto a manera de personalísimo testimonio: me tocó, el mes pasado, viajar a la Ciudad de México a realizar unos engorrosos trámites. En un principio, una amiga me recomendó que llamara a su vez a un amigo, para agilizar el asunto en la medida de lo posible. A la postre, decidí probar suerte e ir como un ciudadano más de a pie.

Fue así como llegué, en un taxi, a la agencia 41 de la Fiscalía de Investigación Estratégica en Delito de Robo de Vehículos y Transporte, siendo grande mi sorpresa desde el momento mismo de mi llegada y anuncio con el oficial a cargo de la entrada: amabilidad y buena disposición para atenderme. De ahí en adelante, todo trámite en la agencia, a cargo del maestro Luis Rodríguez Camacho, fue de una eficiencia y eficacia que sencillamente resulta muy difícil de experimentar en otras entidades de la República: disposición al servicio público como vocación fue lo que me tocó presenciar de principio a fin ese día, así los trámites hayan tardado (debido a su naturaleza misma) unas cuatro horas.

Teniendo la cita definitiva para dos semanas después, lo que siguió fue igual de gratificante para mí: celeridad y preocupación por resolver mi caso de la mejor manera y menor tiempo posibles. Quisiera pensar que la misma vocación de servicio permea desde la misma Jefatura de Gobierno, de la fiscal Ernestina Godoy y su jefa, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo.

En esos días, nunca vi a alguien, del nivel jerárquico que fuera, actuar con prepotencia; nada de funcionarios con su torta y refresco chacoteando en oficinas viejas; al contrario, todos decorosamente vestidos, con buenas credenciales académicas, y como una norma: no solicitar, insinuar, sugerir o aceptar alguna “retribución” a cambio de agilizar trámite alguno; letreros cada metro en cartulinas recordando a todos eso, para evitar cualquier tentación de ambos lados, presentes en las oficinas en las que estuve, mismas que lucen limpias y con mobiliarios más que decentes.

Insisto, desde el encargado de atender a la puerta de la agencia, al jefe del depósito 3 de automóviles (corralón), el licenciado Juan Chávez Gennis, se mostraron con toda la buena actitud para cumplir su trabajo, esto es el servir al ciudadano, sobre todo llegando ahí sin la menor de las recomendaciones o nada por el estilo.

Existe la percepción de que si en alguna entidad de la República se evitan y resuelven los ilícitos, es la Ciudad de México; veo cada vez más cámaras por toda la ciudad, con botones de pánico coordinadas con los efectivos policiales (con buenos sueldos) desplegados por la gran urbe.

Ojalá que no se pierda todo eso en la Ciudad de México; más allá aún, se continúe en la senda de la perfectibilidad y la mejora continua, que los servicios periciales no queden rezagados a los avances tecnológicos y que no se deje atrás lo construido a partir de la Jefatura de Gobierno de Andrés Manuel López Obrador y los cimientos que sentó, de 2000 a 2006.

Y con una certeza regresé a casa: la mística de la Cuarta Transformación se ve y respira en la ciudad capital mexicana. Insisto que hablo única y exclusivamente desde una muy personal percepción, sin el afán de tratar de quedar bien con gente que, lo más probable, nunca vuelva a ver en mi vida, y también el que quizá sólo haya tenido yo algo de buena suerte. n