Cuba y sus complejidades

Escrito por  Ginés Sánchez Jul 20, 2021

Cubanólogos salen por todas partes ante la coyuntura de una suerte de segundo periodo especial, provocado, este último, por la crisis pandémica; época, del primero y original, caracterizada por carestía de una isla, otrora enclave del bloque soviético en América, en los años de un mundo bicéfalo y de tensión y hasta paranoia continua en el marco de aquellas décadas convulsas de la llamada guerra fría.

Terminando ese orden mundial, entre 1989 y 1991, con la derrota del mundo del “socialismo realmente existente”, se esfumaron también todos los apoyos de la Unión Soviética por los que vivía la mayor de las Antillas, vía comercio ventajoso con y para Cuba, y apoyos de todo tipo.

Si en Cuba la transición de sistema (político y económico) no llegó, fue en parte porque el taimado Fidel Castro Ruz dio un golpazo sobre la mesa, fusilando al comandante, héroe de la Revolución y mejor amigo de su hermano Raúl, Arnaldo Ochoa, mediante un juicio tipo reality show, y es que con esa jugada mataba Castro varios pájaros de un tiro: por ejemplo, se quitaba de encima cualquier amenaza estadunidense por la vía del pretexto de narcotráfico (esencia de aquel multiproceso penal televisado en vivo), pero a la vez eliminaba al único miembro de la élite gobernante que se atrevió a hablar, o pensar en voz alta, de la posibilidad de una inminente necesidad de una apertura a una transición de modelo económico, que llevaría aparejado, se quisiera o no, un cambio de régimen político.

Cuando los ya citados supuestos cubanólogos gritan a los cuatro vientos por una transición relámpago, por la vía del levantamiento de “todo” el pueblo cubano, nunca han pisado Cuba; en dicho país la polarización existe; me tocó presenciar discusiones en plena calle entre ciudadanos cubanos, unos contra el régimen emanado de la Revolución; pero, ojo: otros también a favor del mismo, ya fuera porque gracias a él sabían leer y escribir, vivían en paz y seguridad, tenían una dignidad como pocas naciones en el planeta, y otros aspectos no negativos que, lo mismo que sus grandes penurias, lo mismo, innegablemente reales.

Sea por adoctrinamiento desde la cuna hasta la tumba o por firmes convicciones, hay un porcentaje considerable de cubanos que siguen dispuestos a defender su revolución hasta con la vida. No es casualidad el llamado, en cadena nacional, del presidente Díaz-Canel a sus gobernados a salir a las calles a hacer lo propio. n