El culpable

Escrito por  Javier Soriano Guerrero Abr 22, 2018

El 2 de abril iniciaron formalmente las campañas políticas en nuestro país con miras a las elecciones del primero de julio próximo.

Desde antes de esta fecha, diversas encuestas daban como candidato puntero a Andrés Manuel López Obrador. Muchos decían que porque lleva 12 años en campaña y por eso calificaban de engañosas esas encuestas.

Sin embargo, y a pesar de todos los pronósticos, López Obrador sigue encumbrado en las tendencias del voto que han realizado varias encuestadoras y periódicos nacionales, incluso un estudio elaborado por la Presidencia de la República lo coloca como el candidato preferido de las mayorías.

Este hecho insólito, al menos en los tiempos modernos de nuestro país, ni el propio gobierno del presidente Peña Nieto lo logra asimilar, y es que no se han puesto a pensar en el gabinete federal quién es el culpable de esta apabullante preferencia por AMLO que muchos sectores sociales y empresariales han manifestado en favor del candidato de Movimiento Regeneración Nacional (Morena) a la presidencia de la República.

Es cierto, López Obrador lleva muchos años en campaña, pero en 2006 y 2012, extraoficialmente se sabe que ganó las elecciones, principalmente la de 2006 contra Felipe Calderón, que por un pequeño margen se declaró ganador de la contienda, no dejando satisfechos a muchos con este resultado.

Verdades o mentiras, desde entonces, López Obrador ha atacado a la mafia del poder descubriéndole actos de corrupción, de favoritismo, de mentiras oficiales; ha llegado a pronosticar cosas que muchos no le creían, y al tiempo, se han llegado a confirmar sus dichos. Como cuando desde 2013 decía que el gobierno federal buscaba privatizar la explotación petrolera para entregarla al capital extranjero. Lo llamaron loco, sin embargo, el tiempo le dio la razón.

Todo este panorama ha sido diseñado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y, su cómplice, el Partido Acción Nacional (PAN), que se esmeran en inventar cada día nuevas formas de atracar al pueblo, ya sea a través de nuevos impuestos o por nuevas triquiñuelas que han sido aprovechadas por los encargados de respetar las leyes, sin que sean investigados y, mucho menos, castigados por sus corruptelas.

Esta administración federal se ha destacado de las anteriores, pero no por sus buenas obras, sino por los múltiples actos de corrupción que le han sido descubiertos y jamás castigados. Han sido revelados no por miembros de la oposición, sino por la misma Auditoría Superior de la Federación, la cual señala, con números y datos concretos, las desviaciones que detecta en las dependencias federales, pero no las castiga, pues no es su función.

Los encargados de procurar y administrar justicia se hacen que la virgen les habla y no se enteran de todas las corruptelas denunciadas por la ASF. Diversos medios de comunicación las difunden, tomando en cuenta los datos de las auditorías realizadas, como en el caso de la llamada Estafa Maestra, el caso Odebrecht, los pagos a personas fallecidas de parte de la Sedesol, los actos de corrupción de funcionarios y gobernadores, los grandes pagos hechos a líderes sindicales, etc., y no pasa nada.

Eso sin contar con la deuda externa que a finales de 2017 se consideraba de 192 mil 347.5 millones de dólares, según datos de la Secretaría de Hacienda, cifra que representa un incremento de 58 por ciento, equivalente a 70 mil 688.5 millones adicionales en lo que va del actual sexenio, comparada con el saldo del endeudamiento con el exterior registrado en diciembre de 2012.

La información sobre tanto acto de corrupción sin castigo ha servido para que el pueblo mexicano esté harto y se llene de coraje, y exprese su ira y su decepción de las autoridades a través de las redes sociales; ya sea por medio de mensajes con lenguaje subido de tono o a través de imágenes humorísticas, los clásicos memes; de algún modo los ciudadanos dan rienda suelta a su coraje por la impunidad con que se manejan estas situaciones de corrupción.

Este panorama ha servido para que el candidato presidencial que promete acabar con todo acto de corrupción y de impunidad, en este caso López Obrador, reciba el apoyo de un pueblo cansado de tanto desorden financiero en el gobierno federal, que lo ha colocado a la cabeza de la preferencia electoral, a pesar de todas las campañas que se han lanzado contra él para restarle simpatías entre el electorado.

El presidente Peña Nieto y todo su círculo de poder se preguntarán ¿por qué la gente tiene tanta preferencia hacia López Obrador, a pesar de tanta difamación que le han echado?

Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Así pasa con el gobierno federal, es el principal culpable de que el pueblo esté en contra de su partido, el PRI, y su candidato, que, por más que le inviertan millones de pesos a su campaña, no levanta.

Y como dijo don Teofilito: ni levantará. n