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Esperar sentados

Escrito por  Javier Soriano Guerrero Sep 17, 2017

Pobre nuestro estado de Guerrero. Aún no sale de una desgracia y llega otra. Hablando sólo del mes de septiembre, desde el día primero, marchas y bloqueos de profesores y padres de familia por falta de maestros en todas las regiones del estado; ríos desbordados sobre viviendas en comunidades con cientos de damnificados; tormentas torrenciales, temblores; fenómeno del mar de fondo en la costa guerrerense; deslaves carreteros, caída de puentes, árboles caídos, más lo que se acumule en la semana.

Algunas de estas calamidades se pudieron prevenir; otras, no se hubieran presentado si se hubieran hecho los trabajos como debieron ser, pero… hay tanto en juego que, políticos y empresarios, hacen obras al “ahí se va” y, después, vienen las consecuencias.

Hay que recordar que nuestros paisanos damnificados de Ingrid y Manuel, de 2013, recién el viernes 15 acaban de cumplir cuatro años esperando la reparación o reposición de sus viviendas en todas las regiones del estado. En algunas zonas, ya les entregaron sus nuevas casas, pero tan mal hechas que temen que con cualquier temblor se caigan, además de que cada vez que llueve, se les filtra el agua por el techo y paredes. Eso, sin contar, que algunas les faltan los servicios básicos, que sus habitantes han estado reclamando desde que las pasaron a ocupar.

Sin embargo, el gobierno federal hace algunos meses dio por concluida la reconstrucción por dicho fenómeno meteorológico de hace cuatro años, basándose en documentos, no en la realidad.

Ahora bien, qué les espera a nuestros paisanos afectados por el temblor del 7 de septiembre o por el huracán Max, de la semana pasada.

Si hacemos cuentas, considerando el tiempo que llevan los damnificados de 2013, entonces sí, es recomendable que los afectados más recientes se sienten a esperar que el gobierno atienda sus reclamos de ayuda. Ah, pero no hay dónde sentarse, pues hasta las sillas se llevaron las crecidas de los ríos. Qué mal.

Antes que se me olvide, recuérdese que falta el huracán del 26 de septiembre, fecha en que se cumplen tres años de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa en Iguala.

Que Dios se apiade de nosotros. n