Fraudes electorales: ayer y hoy

Escrito por  Raúl Sendic García Estrada / I Jun 15, 2018

La historia de los fraudes electorales en México es muy amplia y tiene sus antecedentes en la relección de Porfirio Díaz en 1911, cuando existió una negativa para revisar las boletas electorales y verificar la legalidad y legitimidad del proceso electoral, tal como lo denunciara en su momento Francisco I. Madero; cuando se convocaron a elecciones extraordinarias y Francisco I. Madero fue electo presidente.

En 1929, José Vasconcelos, quien habría sido secretario de Educación Pública, denunció un fraude electoral en su contra que favoreció a Pascual Ortiz Rubio, por lo cual declaró el Plan de Guaymas y convocó a una insurrección, pero la sociedad no acudió al llamado y Vasconcelos salió al exilio.

Después de concluido el mandato del general Lázaro Cárdenas del Río, en 1940, el general Juan Andreu Almazán denunció un proceso electoral fallido y fraudulento, del que fue nombrado ganador el general Manuel Ávila Camacho; en esas fechas se registró la represión del Ejército y la policía, con un saldo de 30 muerto y 158 heridos, en la Ciudad de México, Ávila Camacho fue proclamado presidente con 95% de los votos y el también general Almazán fracasó en su intento de revuelta  en 1952, Adolfo Ruiz Cortines recibió acusaciones de haber sido beneficiado por un fraude electoral.

El 6 de julio de 1988 se concretó el más grande fraude electoral de la historia reciente, en contra de la candidatura del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y del Frente Democrático Nacional, siendo beneficiado con este fraude, Carlos Salinas de Gortari, candidato a la Presidencia de la República por el Partido Revolucionario Institucional (PRI); el 6 de julio de aquel año hubo una pausa en el cómputo electoral, cuando la Cámara de Diputados fungió como Colegio Electoral para el control de votos; ese día se corrió la información que se detuvo y se cayó el conteo oficial de votos, cuando las tendencias electorales favorecían ampliamente a Cárdenas, al regresar el flujo de la información electoral y los votos no habían terminado de contarse se proclamó como presidente a Carlos Salinas de Gortari.

Consumándose el más grande fraude electoral de la historia de México, el 6 de julio de 1988, fue la elección más competida de la historia, pero también con delitos electorales, atropellos, irregularidades y el asesinato de los responsables del cómputo electoral del Frente Democrático Nacional de apellidos Ovando y Gil, la violencia no se hizo esperar, irregularidades y hechos violentos en las casillas, las operaciones de compras de votos que se le denominaron tamal, ratón loco, carrusel, y la evidencia del fraude electoral, cuando desde la tribuna más alta de la nación el ingeniero Félix Salgado Macedonio vació costales que contenían boletas semi calcinadas, sufragadas a su favor como candidato del Frente Democrático Nacional a Diputado Federal en el Distrito 1.

En el año 2006, en medio de una sospecha de fraude electoral, fue declarado presidente Felipe Calderón, quien llegara a la Presidencia de la República con severas sospechas en la legitimidad de su triunfo y que se dio para siempre con su frase “haya sido como haya sido”.

Durante siete años, tal como se señala en su página digital la Revista Proceso, litigó en todas las instancias a nivel nacional e internacional para que el Instituto Federal Electoral abriera los paquetes electorales y se revisaran las boletas utilizadas en las elecciones de 2006, por todo este tiempo las autoridades electorales rechazaron esta petición bajo el argumento de que se trataba de un asunto de seguridad nacional, por lo tanto, en la misma línea el tribunal electoral y la Suprema Corte de Justicia de la Nación, argumentaron que no se trataba de un tema de acceso a la información pública, sino uno de índole estrictamente electoral, reservado a los partidos políticos. Al final las boletas electorales fueron destruidas y con ello la evidencia del fraude electoral.

Hoy se debe terminar, con toda las intenciones de fraudes electorales. Hoy, a dos semanas de las elecciones, los actos fraudulentos están a la orden del día, se reparten despensas, tarjetas departamentales, dinero en efectivo, materiales de construcción, se utilizan las dependencias del estado y los programas sociales en beneficio de los candidatos que se disputan hoy el segundo y tercer lugar en la contienda, se utilizan encuestan tergiversadas y amañadas, se generan campañas de desprestigio y de miedo y ataques indiscriminados en las redes sociales, en Facebook, en Whatsapp, teléfonos móviles y fijos, toda la fuerza del estado se encuentra concentrada en detener la preferencia electoral que tiene Andrés Manuel López Obrador.

Existe un encono en las campañas, un obsesivo dispendio en spots del miedo y los call center no dejan de llamar a los domicilios y a los teléfonos celulares para crear miedo y desprestigio, en torno al Candidato Presidencial de la Alianza Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador. n