Casi el final

Escrito por  Javier Soriano Guerrero Jun 17, 2018

Ya pasó el tercer debate presidencial y las tendencias del voto no variaron, Andrés Manuel sigue a la cabeza de las preferencias de los votantes, por más que los simpatizantes del candidato priísta José Antonio Meade digan y pataleen, así como los seguidores de Ricardo Anaya, que los pocos puntos que llevaba, así los ha ido perdiendo: poco a poco.

Aun así, con esas tendencias, el candidato puntero no debe confiarse, hay un serie de triquiñuelas que los diferentes medios de comunicación han alertado que se preparan para cometer el fraude electoral el mismo día de las elecciones, aunque también hay sospechas de guerra sucia contra López Obrador que se pondrán en marcha antes del 1º de julio.

¿Cómo podría evitarse todo tipo de mañas para cuidar que las elecciones se lleven a cabo en forma legal y ordenada?

Primero, en el caso de guerra sucia, desmentir de inmediato todas las falsas noticias que se difundan, ya sea contra el tabasqueño o contra sus colaboradores o los futuros titulares de las dependencias que formarían su gobierno. Usar todos los medios de difusión, incluyendo las redes sociales, para desmentir contundentemente los rumores y falsedades que se propaguen.

Segundo, el 1º de julio, tener en todas las casillas electorales representantes de partido, que cuiden que el conteo de votos se registre de forma correcta y se difundan a través de las redes sociales tomando fotos a las carátulas de la plantilla con los votos recibidos por los partidos políticos, con las firmas de los funcionarios de casillas, para que no las alteren después.

Hace días circulaba en redes sociales una entrevista hecha a un mapache electoral, quien narraba que el fraude se comete en los distritos electorales o en los inmuebles donde se resguardaba la documentación y los votos electorales. El pueblo confía en estos lugares porque son resguardados por el Ejército.

Sin embargo, el entrevistado señalaba que adentro ya estaban los que cambiaban los votos para el partido del gobierno quitándoselos al partido ganador. Entonces, estos sitios también deberían ser vigilados por simpatizantes de Morena desde antes que se resguarde el papeleo electoral, y por las 24 horas del día, al menos durante una semana o hasta que se dé a conocer el conteo final.

Muchas personas piensan que, teniendo López Obrador más de 40 por ciento de la intención del voto, el fraude electoral tendría que ser de millones de votos fraudulentos, lo cual creen que sería difícil que se hiciera. Pero no hay que confiarse.

En anteriores colaboraciones he mencionado que el principal impulsor de Andrés Manuel López Obrador es el presidente Peña Nieto, aunque muchos no lo crean, así es. Principalmente porque el actual gobierno federal le ha fallado al pueblo de México.

Aunque desde un principio la gente votó por Peña Nieto porque “es guapo”, decían las mujeres, eso no era garantía que fuera a ser buen gobernante. Ni tantos títulos académicos que los respalden tampoco son garantía de que vayan a ser buenos gobernantes. Además que, el actual mandatario desde que era candidato, dio muestras de su ignorancia, y cada vez se esmera en confirmarlo. Y superarse.

Haciendo un breve análisis de los tres principales candidatos presidenciales, diríamos que José Antonio Meade es el mejor preparado, pero como burócrata de escritorio, pues siempre ha sido funcionario de oficina, por eso es que su discurso no convence ni a los priístas. No lo prepararon como orador, todo su discurso lo dice en el mismo tono; no sabe inyectarle emoción a las frases que buscan impactar. Además de que arrastra el desprestigio del partido que lo postula, el PRI, y del presidente Peña Nieto. Así, ¿cómo convencer?

De Ricardo Anaya qué podemos decir, tanto que se ha dicho de él, la mayoría cosas malas, ¿será que es lo único que tiene en su currículo? Probablemente.

Al principio de las campañas políticas había muchas expectativas con él, incluso llegó a estar empatado con López Obrador en las preferencias electorales, pero se ha ido desinflando conforme avanza la campaña. Muchos que lo apoyaban al principio se han ido desencantando y lo han abandonado. Lo llegaron a llamar el joven maravilla. Ahora será ¿el joven marranilla?

A López Obrador lo han tachado de anciano, loco, retrógrado, terco, incongruente, vividor, y mil calificativos más, sin  embargo, el pueblo quiere darle la confianza que desde 2006 ha buscado de ser presidente de México. Pero este AMLO de 2018 es diferente al de hace 12 años, ya maduró en sus ideas, ya no le gana la bilis al responder, ya hila mejor su discurso, está mejor preparado, así que el pueblo quiere darle la oportunidad de servirle al país, con la esperanza de que no lo defraude como otros, que se dijeron salvadores de México y resultaron enterradores de México.

Recuerden que la esperanza es lo último que muere. n