Reforma electoral necesaria

Escrito por  Ginés Sánchez Jun 19, 2018

Se han hecho reformas tras reformas en materia político-electoral, plagadas de cambios de mera forma, que no han cumplido los propósitos que dicen perseguir: el cambio de IFE a INE, que no ha hecho más que partidizar aún más el otrora instituto por completo ciudadanizado de principios de este siglo, la incompleta y confusa relección inmediata de legisladores y alcaldes que sólo vendría a complicar, aún más, estos asuntos.

Todo está terminando ya por desvirtuarse, igual que la gran reforma de 1996, que contenía los anhelos y las luchas de generaciones enteras, y que gracias a la voluntad política, hay que decirlo, de un priísta, el presidente Ernesto Zedillo, pudo concretarse. Casi todo se comenzó a echar a la basura a partir del proceso electoral de 2006 y todas sus flagrantes violaciones a la ley y abusos de toda clase.

Con los recursos que se han empleado en todos esos cambios, más cosméticos y retrógrados que cualquier otra cosa, que han costado carretadas de dinero público, y que sólo han hecho que el sistema electoral mexicano permanezca de mero adorno ante el atropello total a las leyes, como en el caso de la invasión del dinero público y privado, de gobernadores, alcaldes y todo tipo de funcionarios públicos, y empresarios de giros tanto lícitos como, de plano, criminales, que esperan un jugoso rendimiento a su inversión, se podría atacar un problema relativamente sencillo, pero que ha hecho un daño incalculable al voto libre y secreto consagrado en la Constitución: el uso de teléfonos celulares con cámara el día de las elecciones, para comprobar que el ciudadano votó por tal o cual partido.

Con el método de tomarle una foto a la boleta se condicionan apoyos de programas sociales federales, estatales y municipales, o de plano se compra descaradamente el voto con dinero en efectivo repartido el domingo mismo de las elecciones, por todo el país abundan “estructuras” naranjas, rojas, blancas, negras, azules y amarillas que operan antes y durante las elecciones, lucrando con las necesidades y la pobreza de la gente. Clientelismos que van desde lo mas sofisticado hasta lo más burdo.

Se debería de incluir cambios en el sistema electoral en una próxima iniciativa del Ejecutivo federal, ir por una reforma definitiva que lo dote de la tecnología necesaria para impedir este fenómeno y haga mucho más eficaz la organización de los comicios.

O, cuando menos, y de mientras, se debió prever en la ley un apartado para inhibir el uso de teléfonos en las casillas para este ya tan cercano 1º de julio, como ya se hace en el estado de Querétaro desde las elecciones de 2012.

Otro de los renglones en los que se debe legislar es el del voto obligatorio, o un voto estimulado de alguna u otra manera. Recurrir al derecho comparado como vía para conocer de las experiencias de otros países en los que medidas como éstas se han adoptado, sería no sólo deseable, sino imperativo, porque el abstencionismo es el mejor aliado de las prácticas más negativas que corroen el, hasta ahora, fallido y trágico experimento democrático mexicano.

La pelota está ya en la cancha de la próxima administración federal, y también en la legislatura siguiente, entrantes ya en este mismo 2018. n