Al banquillo de los acusados

Escrito por  Isidro Bautista Soriano Ago 16, 2018

Ahora que están de moda las palabras transparencia y contra la corrupción, con Andrés Manuel López Obrador primero como candidato y ahora como presidente electo, que por replicarlas hasta el cansancio, ganó la elección, los 81 aún alcaldes de Guerrero deberían retirarse del cargo con una lupa puesta en sus bolsillos.

Ya es tiempo de meter a la cárcel no a uno, sino a todos los que salgan con malas cuentas. Tiene años y años que resulta el hecho de que se van del puesto como blancas palomitas, y que por eso mismo, no se les impone castigo. Se retiran carcajeándose. Unos se dan el lujo de desaparecer de su municipio o del estado, sin que puedan ser llamados a solventar presuntas irregularidades del manejo de los recursos.

Hasta donde se recuerda, el entonces gobernador José Francisco Ruiz Massieu pudo poner tras las rejas a un presidente municipal (de Iguala). Hay quienes todavía afirman que fue un golpe mediático que el hoy finado dio para ganar simpatía popular, igual que como lo hizo al promover, durante su sexenio, la creación de partidos políticos según para que se le percibiera como democrático.

¿Cuántos ayuntamientos han estado con quebranto financiero? Si el de Acapulco se ha visto en profunda crisis hasta para cubrir salarios, pues ¿cómo estarán los demás?

Ha sido persistente el problema de que no han tenido ni para pagar el aguinaldo de sus trabajadores, y el gobernador en turno ha tenido que salir al paso para resolverlo.

El propio Héctor Astudillo Flores, a principio de su gestión, reveló que recibió un gobierno con un faltante de más de 23 mil millones de pesos, y no obstante, ha sabido sortear la situación para salir adelante.

Al igual que el mismo gobierno del estado, los presidentes municipales tienen la obligación de ahorrar. De las partidas financieras que reciben ordinariamente, deben reservarse una parte cada mes para cubrir a tiempo con esa prestación social.

Hasta los cinco principales ayuntamientos del estado han aparecido con las arcas vacías a fin de cada año, pero, eso sí, ha habido infinidad de ediles, de todos los partidos, que cuando salen según de comisión se hospedan y comen en sitios de lujo, y de inmediato, al ocupar el cargo, estrenan vehículo que es un insulto a sus pueblos, incluidos los de La Montaña. Metlatónoc, que ha sido considerado a nivel nacional como el municipio más pobre de Guerrero, es uno de estos. ¿Cuántos ediles de aquella región posteriormente aparecen como propietarios de inmuebles hasta en la ciudad de Chilpancingo?

¿Por qué cada vez que hay elecciones aparecen de sobra aspirantes o candidatos a alcaldes, por partido, principalmente PRI y PRD, a sabiendas de que heredarán un ayuntamiento en quiebra?

No van con el deseo de servir, si no de servirse, de enriquecerse, de ver qué se roban, y más porque han visto que ningún presidente municipal ha ido a parar a la cárcel, ni siquiera con una sanción mínima impuesta por el ente fiscalizador.

Y lo peor: que abultan la nómina de sueldos, y dejan al que le suceda en el puesto con deudas mosntruosas contraídas con acreedores de diversos giros comerciales y de servicios, así como con laudos laborales.

Es casi seguro que en los procedimientos de entrega-recepción los alcaldes salientes han de ocultar ciertos pasivos a los entrantes, porque sencillamente después no pasa nada.

Desde luego, no todos los ediles son iguales. Ha habido sus excepciones.

En Chilpancingo, Antonio Gaspar Beltrán prometió un cambio en campaña. Ganó la elección de alcalde postulado por PRD, PAN y MC, cuando el ayuntamiento que presidirá hoy está en ruinas, y con la ciudad convertida casi en un cochinero, con pésimo servicio de suministro de agua potable, sin dinero para pagar el aguinaldo próximo y muchos conceptos más, y por el otro lado, con un gobierno del estado que no es de su partido, y con un gobierno federal que corresponde a otro opuesto al suyo.

Como él, muchos asumirán el cargo sólo para administrar problemas, sin recursos, mientras que los que serán sus antecesores estarán muriéndose de risa, aunque hayan sido casi los Javier Duarte de Guerrero. Ya es tiempo de poner en la sombra siquiera a uno, a uno siquiera. A ver qué pasa con la nueva Legislatura para que juntos haremos historia, unos afuera y otros adentro, en celda claro. n

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