Políticas indigenistas

Escrito por  Eduardo López Betancourt Sep 01, 2018

Resulta desolador, triste y vergonzosamente sorprendente que aun con el paso de más de 500 años de la conquista española, y teniendo el conocimiento de lo rico de las culturas que habitaban originariamente las tierras americanas, con el adelanto de las tecnologías, la educación y la difusión de las ideas, aún se conserven prácticas vejatorias, que lo único que revelan es la intolerancia de un pueblo para con los propios y la falta de conciencia de cuidado y protección para quienes, a pesar de las adversidades, intentan salvaguardar su cultura, sus costumbres y sus tradiciones, pues a nadie nos es ajeno el rezago social en el que se tiene a los indígenas en México.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), “las poblaciones indígenas cuentan con usos y costumbres propias. Además de que poseen formas particulares de comprender el mundo y de interactuar con él. Visten, comen, celebran sus festividades, conviven y nombran a sus propias autoridades, de acuerdo a esa concepción que tienen de la vida”, y es por estas mismas razones que deberíamos encargarnos de permitirles su digna conservación, misma que es signo de la riqueza pluricultural del antiguo pueblo mexicano.

México sigue en deuda con sus indígenas, con aquellos que siguen alejados –y muchas veces desplazados–  del desarrollo social, económico, político, médico y educativo del resto del país.

Las cosas no han cambiado mucho desde la llegada de los españoles a territorios nacionales; el llamado indio sigue sin importarle a nadie, sobrevive en la mayoría de los casos en medio de la miseria, el hambre y el olvido; muchos son los discursos que se pronuncian y las leyes que se dictan, los congresos que se celebran y los foros en los que se discute; es más, el indígena es admirado en exposiciones fotográficas, pero despreciado en la calle.

Es común que los gobiernos organicen ferias de los pueblos indígenas, a las cuales asisten diversos grupos étnicos para ofrecer en venta sus productos artesanales, tales como joyería, prendas de vestir, artículos ornamentales e incluso bebidas típicas y una muy diversa gastronomía. Mirando con objetividad las razones de la organización de dichas ferias, se puede pensar que los invitan como modelos en exposición, para que los citadinos puedan observarlos en su vestimenta típica ordinaria, así como recordarles que ellos también son parte de México, que son parte trascendental de la identidad nacional.

Vergonzosamente, México sigue en deuda con sus indígenas, esos que se encuentran alejados de las grandes ciudades, esos mismos que hoy día mueren por no tener acceso a un antibiótico, esos que no tienen tres comidas al día y que deben conformarse con un trozo de tortilla y un chile, esos para los que la escuela no es más que un sueño y no un derecho constitucional.

Se requiere una recuperación de la identidad nacional, urgen programas de cultura que le permitan a la sociedad en general ser consciente de la situación por la que atraviesan “los otros” que, como ya se dijo, también son mexicanos.

Se necesita de una re-educación que nos permita asimilarnos como iguales, reconociendo y respetando, valorando y defendiendo la identidad de todos y cada uno de los miembros de nuestro país. n