Fernández Noroña, la vergüenza

Escrito por  Ginés Sánchez Sep 11, 2018

Machetazo a caballo de espadas”, se podría decir: hace unos días el que esto escribe bloqueó en la red social Twitter al flamante diputado Gerardo Fernández Noroña, así como ha él hecho con cientos (¿ya miles?) de usuarios que no coinciden en la cosa más mínima con él.

Su labor en la anterior legislatura, en la que fue diputado, coincidente con la administración de Felipe Calderón fue, hay que decirlo, admirable; gracias a él la Cámara de Diputados y el Congreso de la Unión mismo se convirtieron en lo que deben ser: una caja de resonancia ante abusos, torpezas y horrores de aquel maldito sexenio de la muerte y la corrupción. Nunca se calló nada, en las comparecencias de los secretarios de Estado les espetó sus verdades en la cara, y en cuanto al Presidente, nos enteramos, por medio suyo, de una muy grave y supuesta afición del entonces primer mandatario por el alcohol, tanto así que se dice era la causa por la que no tenía agenda por las tardes.

Nunca se confirmó la especie, pero el solo hecho de la duda razonable no era poca cosa.

Como legislador opositor, y aun como personaje público sin cargo, un hombre valiente y comprometido. Incluso lo conozco personalmente; ambos escribimos para el portal de noticias en la Internet SDP Noticias, llegando a estar yo en su casa, en el Centro Histórico, cuando hace sus ventas de libros, muy concurridas y exitosas, por cierto.

En la actual legislatura es difícil encontrar a un representante popular tan leído, culto y conocedor de la historia de México y la dolorosa realidad nacional como él.

Pero una cosa es eso, y otra diametralmente opuesta es llegar al Congreso para convertirlo en un vulgar circo; sus acciones de hace unos días llenan de vergüenza al que las vea. Más aun: desafía a la autoridad y llega al paroxismo de faltarle al respeto a toda una institución como funcionario público, sin el cual y su impresionante trayectoria al servicio de México, la escabrosa y larga transición democrática mexicana sería inexplicable, como lo es Porfirio Muñoz Ledo, paradojicamente su compañero de bancada.

Y no sólo eso: en su cuenta de Twitter ya perdió el piso; sólo verlo en un video ofendiendo a un conductor del Metrobus en la Ciudad de México basta para dar cuenta de ello, una persona de la clase trabajadora a la que dice defender. Me causa repugnancia.

Entiendo ahora por qué usted, estimado lector, dificilmente verá fotos del multicitado personaje con Andrés Manuel López Obrador, presidente electo, y tampoco sube a los templetes, y no lo postulo Morena como candidato a diputado: el mandatario electo  sabe que el diputado puede convertirse en una piedra en el zapato, como de hecho ya empezó a serlo, y eso que López Obrador no es aún presidente de la República.

Ha empezado a dejar en mal al lopezobradorismo y a la izquierda, y tambien a dividir, yendo de paso, contra una de las grandes metas del sexenio que esta por comenzar, y que es pacificar y unir al país. Bastaría con mencionar que es admirador del criminal régimen de Nicolás Maduro para comprenderlo.

No se llega al Congreso a convertirlo en un circo mediático, y muchísimo menos sin una causa que lo ameritara. La trifulca en cuestión y el posterior choque en la Camara de los Diputados no sólo es por completo estéril, sino absurda, ridícula y grosera; a ser legislador no se aspira para hacer roqueseñales, ni para lanzar chistes y albures desde tribuna; se llega a trabajar incansablemente por su distrito, estado y México.

Ojalá que ese no sea el tenor de los legisladores entrantes. n