Fuera porros de la UNAM

Escrito por  Esthela Damián Peralta Sep 12, 2018

Una condena unánime mereció la agresión de grupos porriles a estudiantes del CCH Azcapotzalco ocurrida el pasado lunes 3 de septiembre en la Rectoría de Ciudad Universitaria.

La protesta pacífica que realizan los alumnos de bachillerato terminó abruptamente cuando un grupo de “porros” los atacó con piedras, palos, bombas caseras y navajas.

“¡Fuera porros de la UNAM!”, fue el grito que más de 30 mil estudiantes corearon días después en la marcha a la que convocaron al sur de Ciudad de México.

En el campus central de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se congregó una de las mayores concentraciones de estudiantes en el lugar desde las históricas protestas de 1968.

Y entre las diversas exigencias a las autoridades de la UNAM, una era la más clara: la expulsión de los grupos de choque conocidos como “porros”.

En la protesta participaron miles de estudiantes de la UNAM, con apoyo de alumnos de otras escuelas de nivel superior y bachillerato.

Tanto para estudiantes como para profesores de la UNAM, la existencia de grupos de choque ha estado históricamente asociada a grupos que quieren controlar la universidad, tanto en esta institución como en otras del país.

El doctor Hugo Sánchez, un investigador del fenómeno de los “porros” en México, declaró que quien los maneja tiene la intención de controlar a la universidad y todo lo que de ella se deriva. Como son jóvenes, se pueden confundir con estudiantes.

La UNAM no solo es una universidad que tiene un prestigio académico muy importante. También es una escuela de cuadros políticos, para el gobierno y para la oposición.

El investigador sostuvo que ahora hay una lucha de grupos para ver quién controla a la UNAM. El rector Enrique Graue pronto dejará el cargo. Y quien controla a la UNAM no solo controla la parte académica, sino también la política. Ahí es donde están los porros.

Las autoridades universitarias, por su parte, niegan estar detrás de estos grupos de choque.

En sus primeras declaraciones sobre esos lamentables hechos, el rector de la UNAM señaló que se trata de grupos de provocadores, que obedecen intereses ajenos a la universidad, y que evidentemente pretenden desestabilizar, creando un clima de inseguridad e incertidumbre.

El rector sostuvo que la existencia violenta de dichos grupos, la vida académica de la casa de estudios, pretende inhibir la libre expresión de la comunidad universitaria.

Graue, sin embargo, dijo estar claro de que las autoridades tienen que hacer más: No basta con reprobar enérgicamente los hechos ocurridos; es necesaria una acción definitiva que erradique para siempre estas oscuras y cobardes agresiones.

Por lo pronto, el rector señaló que en el caso de la violencia del pasado 3 de septiembre había grupos de “porros” identificados como “32”, “3 de marzo” y “Federación de Estudiantes de Naucalpan” y firmó la expulsión de 18 personas inscritas en la Universidad.

Un día después, la UNAM también anunció en un comunicado la suspensión del coordinador operativo de vigilancia de la UNAM, Jesús Teófilo Licona Ferro, por esos hechos violentos.

La seguridad en los campus de la UNAM es gestionada por el propio centro y en raras ocasiones se involucran cuerpos policiales. Pero la Fiscalía de Ciudad de México informó que investigará lo ocurrido.

Los personajes mencionados por el rector son algunos de las decenas de grupos de “porros” que han existido a lo largo del siglo XX y en la actualidad, no solo en la UNAM, sino en otras instituciones de educación superior.

Pero la UNAM es la institución más numerosa y más prestigiosa de México: más de 390.000 alumnos y profesores y el campus más grande del país.

El investigador Imanol Ordorika señala que el origen de los “porros” se dio entre las décadas de 1930 y 1940 en la UNAM, cuando la disputa por el control de la universidad echó mano de grupos de choque.

En su artículo “Violencia y ‘porrismo’ en la educación superior de México”, Ordorika apunta que el pistolerismo -basado en la agresión física y la violencia armada en contra del opositor- evolucionó al “porrismo” en el interior de la UNAM.

Sostiene que pandillas de delincuentes estrechamente vinculadas a grupos políticos oficiales externos e internos a la institución se irán convirtiendo paulatinamente con el paso del tiempo en el brazo armado de esos grupos, siempre vinculados a las autoridades universitarias, sentando las bases de la institucionalización, años después, del fenómeno denominado porrismo.

Explica que el nombre de “porro”, por su parte, se origina de las “porras” universitarias de los equipos deportivos, los grupos de animaciónque históricamente han acompañado a los equipos deportivos de la UNAM.

El ataque contra estudiantes como el ocurrido en Ciudad Universitaria es una de las formas de actuación más características de los porros: acabar con manifestaciones.

Hace unos días, el rector de la UNAM, Enrique Graue, reconoció que el trabajo para eliminar a los “grupos porrriles” en la máxima casa de estudios ha sido insuficiente, por lo que planteó una reestructura en el área de seguridad.

Sobre los problemas de violencia en la Universidad, el rector dijo que el presidente electo lo tiene consciente y fue solidario con la UNAM. El rector rechazó que autoridades universitarias sean cómplices de los “porros” en la UNAM. n