El antigrito de Tlapa

Escrito por  Sergio Ferrer Sep 17, 2018

En Tlapa, en noviembre de 2017, la cabeza de un joven fue hallada junto con un mensaje en la comunidad de Atlamajac, donde se encuentra el Cereso y los nuevos juzgados. Ese mismo mes fueron hallados los restos de alrededor de 14 personas en la carretera Tlapa-Marquelia. En los meses siguientes, tanto diarios sensacionalistas locales como informaciones en redes y de voz en voz darían cuenta de una serie de secuestros, desapariciones y asesinatos de mujeres y hombres.

Según datos obtenidos, en enero hubo 14 homicidios en La Montaña, los meses siguientes el conteo arrojó 9, 4, 7, 10, 7, 2, 13 y 10 hasta la primer quincena de septiembre, dando un total de 76. El incremento de la violencia se hacía notorio sin que se notara alguna intención de las autoridades de buscar frenar la situación  de inseguridad y crimen. Solo acaso el Ejército en lo que al parecer fue una privación de la libertad de uno de sus elementos en una cantina, desató su movilización, pero hasta allí. Algo ciertamente contrastante con los vuelos de helicópteros de la Marina e incursiones un tanto violentas a poblados de La Montaña para la erradicación de sembradíos de amapola.

Es complejo intentar describir una situación como la que está aconteciendo en Tlapa sin evitar los señalamientos o ciertamente el que se busque inmiscuir a quienes relatan los hechos como parte de algún bando, como le ha ocurrido a varios periodistas. Sin embargo, es posible de manera general mencionar algunos aspectos.

Al saberse de la entrada de los policías ciudadanos de la Upoeg el jueves 13, tuve la petición laboral para documentar los hechos, así que el viernes pude tomar por la mañana algunas fotografías generales de los policías ciudadanos integrados a la Upoeg y a los Pueblos Fundadores en la entrada de Tlapa y cerca del puente San Diego. “Está tranquilo”, dijo una de las personas que coordinaban; “falta que comencemos nuestros operativos”, agregó a manera de información a la prensa.

También en la ciudad estuvo el fiscal general de Guerrero, pero principalmente para reunirse con familiares del alcalde electo de Cochoapa el Grande, el perredista Daniel Esteban González, desaparecido al parecer desde el 2 de septiembre.

La Policía Ciudadana de la Upoeg no había tenido presencia en Tlapa; acaso hace años un grupo de autodefensa en Chiepetepec tomó la carretera un par de días ante una ola de violencia, pero desistiría durante el periodo del petista Victoriano Wences, quien, según diversos testimonios, inhibió la creación de una policía comunitaria de la Crac-PC en dos colonias del municipio.

Aquí hay algo importante que decir, como lo ha expresado la propia Crac-PC en un comunicado: es relevante destacar que no se trata de la Policía Comunitaria de la Crac-PC que trabaja en las casas de justicia de Espino Blanco, San Luis Acatlán, El Paraíso, ni de sus comités de enlaces; es un grupo de policía comunitaria que se define como Crac-PC-PF, una Crac de los pueblos fundadores, asentada en comunidades de Chilapa y Ahuacuotzingo, la cual incluso despotricó hace poco contra integrantes de la Crac-PC e incluso contra la senadora Nestora Salgado, ex integrante de la Policía Comunitaria de Olinalá.

Entonces, la policía ciudadana y la policía comunitaria que entró a Tlapa son grupos de la Upoeg y de la línea de los hermanos Plácido Valerio. Sin buscar denostar a policías de esta línea entre los que hay de la tercera edad y que estarían sirviendo una encomienda, existen antecedentes de arbitrariedades, abusos y ejecuciones cometidas por parte de policías de la Upoeg que no han sido investigadas, como la ocurrida en San Pedro Cacahuatepec, en el Acapulco rural, en junio de 2017, cuando siete integrantes de una familia, incluidas tres mujeres  y dos bebés, murieron en un ataque perpetrado, según información, por gente de la autodefensa de la Upoeg.

En La Montaña, la Upoeg ha trabajado para frenar los abusos de la paraestatal CFE y buscar gestionar obras para diversas comunidades de varios municipios.

Por otra parte, la ciudadanía de Tlapa no se ha reunido en asambleas, el flujo comercial y el cotidiano aparentemente citadino han inhibido la organización de las colonias salvo en casos aislados de peticiones de obra o exigencias básicas. Esto es uno de los puntos relevantes que no darían pie, en lo inmediato, a una integración comunitaria de un sistema de seguridad y justicia comunitaria honesto y limpio desde su raíz.

Parece que la seguridad y justicia han sido olvidadas en primer lugar por el gobierno, luego por la ciudadanía. Es más pantalla que realidad que el gobierno estatal esté haciendo una investigación profunda no sólo de la desaparición de un político, sino de los demás hechos que han vulnerado a decenas de personas, deslindándose de paso Héctor Astudillo de la incursión de la Upoeg y Pueblos Fundadores a Tlapa, porque nadie les ha pedido que intervengan en un asunto que corresponde a los órganos de investigación, dijo en entrevista.

La Federación, lejana como siempre de La Montaña, acaso tendrá sus informantes al tanto de lo que acontece, pero no hay alguna acción de seguridad tal como está ocurriendo en varias partes del estado y del país que siguen siendo lastimadas cada día.

En las redes sociales circularon mensajes de todo tipo, videos con gente descargando sus armas de alto poder, aclaraciones de grupos de la delincuencia, advertencia de que la plaza tiene nuevo dueño, de que no tiene que ver los comunitarios, de que habría bombas y granadas los pasados 15 y 16 de septiembre, y varios mensajes que mantienen en cierta zozobra a la  población al padecer una situación de ingobernabilidad y quizá en el fuego cruzado en esta región histórica que tiene un pasado relevante desde la época prehispánica pasando por la Independencia, la Revolución...

Ayer un rayo tronó muy fuerte sobre Tlapa, quizá la fuerza infinita cansada de tanta violencia gritando a la población que deje sus armas, sus odios, sus engaños, sus avaricias... Aparte, el 15 de septiembre, el colectivo El Grito conmemoró su cuarto aniversario en el zócalo de Tlapa, acompañados por organizaciones sociales y cobijado por el busto de Vicente Guerrero, al emerger tras una represión de autoridades municipales como un medio comunitario libre que da voz a las luchas sociales  y busca informar sobre las diversas problemáticas que acontecen en la región. El antigrito fue un anti-informe que criticó el amargo desempeño de Peña Nieto, que clamó por la libertad de los presos y presas políticas, que pidió justicia para Antonio Vivar, asesinado extrajudicialmente por policías federales, y justicia para los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa.

En conmemoración de otro aniversario luctuoso del trovador chileno Víctor Jara, torturado y asesinado por los golpistas de Pinochet, dejo una parte de su corrido de Pancho Villa:

Fui soldado de Francisco Villa

De aquel hombre de fama inmortal

Que aunque estuvo sentado en la silla

No envidiara la presidencial.

Ahora vivo allá por la orilla

Recordando aquel tiempo inmortal,

Ayayay,

Ahora vivo allá por la orilla

Recordando a Villa allá por Parral.

Yo fui uno de aquellos dorados

Que con tiempo llegó a ser mayor

En la lucha quedamos lisiados

Defendiendo la patria y honor.

Hoy recuerdo los tiempos pasados

Que peleamos con el invasor

Ayayay,

Hoy recuerdo los tiempos pasados

De aquellos dorados que yo fui mayor.

Mi caballo que tanto montaba

En Jiménez la muerte alcanzó

Una bala que a mí me tocaba

A su cuerpo se le atravesó.

Al morir de dolor relinchaba

Por la patria la vida entregó

Ayayay. n