Eternamente insatisfechos

Escrito por  José de la Paz Pérez Oct 07, 2018

En el último tramo de la historia de 70 años en que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) fue prácticamente el único que ganaba todas elecciones en las que participaba, fue duramente criticado porque los titulares del Ejecutivo gobernaban con puros amigos, es decir, sólo con militantes del mismo instituto político, y pocas veces consideraban a alguien de ideología distinta.

La práctica recurrente de llevarse el “carro completo”, que era más bien un monumento al cinismo y no triunfos legítimamente obtenidos, permitía a los gobernantes en turno hacer y deshacer de sus gestiones en el entendido que no pasaría nada una vez concluidos sus mandatos.

Por fortuna los tiempos cambiaron, y ahora no sólo ya no gana el PRI de todas, todas, sino que cualquier partido, incluso emergente, puede ganar alcaldías, diputaciones, senadurías  e incluso, la Presidencia de México, como ocurrió con Morena.

También cambiaron las libertades, como la de expresión (se entiende que falta por recorrer un buen tramo para estar donde se desea) y, si anteriormente la gente comentaba en secreto sus descontentos contra el gobierno en turno, ahora lo hace abiertamente, merced también a que las nuevas tecnologías, como la red mundial de la Internet, así lo permiten.

Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León fueron los dos últimos presidentes de México a los que se les tenía cierto respeto –o temor- en eso de ejercer la libre crítica; con Vicente Fox comenzó una nueva era empujada por el impetuoso PRD, que entonces se erigía como el paladín de las libertades.

Pero entre la libertad y el libertinaje hay una pequeña línea, casi invisible, que es muy fácil cruzar sin darnos cuenta; pasamos de la era de la censura a una en la que criticamos por todo y por nada, y seguramente es mejor lo último que lo primero.

Vicente Fox triunfó en las elecciones porque era “pueblo”, pero durante su mandato lo criticaban porque decían que era vulgar, es decir, lo que primero fue virtud se convirtió en defecto; Felipe Calderón fue señalado por su guerra contra el narco, pero antes la gente pedía que se combatiera; de Peña Nieto, ya queda muy poco que decir ante la andanada de críticas que ha recibido, hasta por lo que no hace.

En esta época en donde las comunicaciones se miden más que por la calidad, por la cantidad o la oportunidad, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se posiciona como el presidente electo que más críticas ha recibido antes de asumir su mandato, es decir, antes de ser presidente constitucional.

Parte de estas inconformidades manifestadas en las redes sociales, principalmente, se refieren a la integración de su gabinete: que está reciclando a priístas y panistas, dicen con insistencia quienes entonces están suponiendo que debería gobernar con puros militantes de Morena, medida que mucho se criticó al PRI.

Aunque no hay reglas claras para integrar un equipo de colaboradores –en donde desde luego encajan más los amigos que los enemigos- lo deseable es que al menos sean analizados los perfiles para que se ubiquen en cargos que puedan desempeñar con eficiencia y eficacia y, aquí, ya no debería importar la militancia política, eso está claro.

En Acapulco, hace algunos días se criticó a la presidenta municipal Adela Román Ocampo, porque presuntamente estaba metiendo a puros amigos o militantes de su partido; poco después, cuando trascendieron nombres de su gabinete, la crítica cambió a que estaba contratando, incluso, a ex funcionarios de Evodio Velázquez Aguirre.

Tirarle a todo lo que se mueve, o criticar por todo y por nada, no es sano porque es el otro extremo del autoritarismo o la censura; queremos que el gobierno nos respete, pero nosotros no queremos respetar a nadie.

Se está iniciando una nueva era, distinta a la que inició cuando se dio la primera transición con el triunfo de Vicente Fox; hoy comienza la era de la izquierda y, antes de buscar errores en donde aún no los hay, habría que dar tiempo, el suficiente, para que veamos hacia donde busca llevarnos el nuevo gobierno de la República.

Es muy temprano para señalar presuntas irregularidades, a menos que nuestro propósito no sea ejercer la crítica como un derecho universal, sino que nuestras verdaderas intenciones sean las de desestabilizar a un México al que vociferamos que amamos y que daríamos la vida por él y que, en la práctica, a veces pareciera que queremos destruir. n