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Juanitas, ¿llegaron para quedarse?

Escrito por  José de la Paz Pérez Oct 15, 2018

La regidora acapulqueña del Partido Socialista de México (PSM) Margarita Rivera Vélez revivió el episodio de las Juanitas al solicitar licencia al Congreso del estado para que su suplente, María Guadalupe Cortés Mendoza, tome su cargo, acción que levantó severas críticas contra Ramiro Solorio Almazán, a quien se señala como autor intelectual de la maniobra para imponer a su esposa en el cabildo porteño.

El término de las Juanitas tiene su origen en 2009, cuando Clara Brugada, a quien Silvia Oliva le quitó la candidatura del PRD a la jefatura delegacional de Iztapalapa, decidió apoyar al candidato del PT, Rafael Acosta Ángeles, Juanito, pero se registró como su suplente para que, en caso de ganar, pidiera licencia para cederle el cargo, lo que finalmente sucedió.

En la misma elección se aplicó este método en los comicios para renovar el Congreso de la Unión: ocho diputadas pidieron permiso para ceder el cargo a amigos, familiares y hasta esposos, todos hombres, con lo que se vulneró el principio de equidad de género, aprovechándose de un resquicio en la ley que no obligaba a que los suplentes fueran del mismo género.

Aunque el término Juanita se acuñó aquel año por tratarse de comicios de alcance nacional, la maniobra realmente tuvo un antecedente en el estado de Guerrero siete años antes.

En 2002, en la región de Tierra Caliente, Ramiro Alonso de Jesús se registró como suplente de Marisol Calderón Medina, quien cubriría la cuota de jóvenes que se exigía entonces en el PRD para llenar la lista de aspirantes a una diputación plurinominal.

Ni la ley en materia electoral, ni el Estatuto del partido exigían que los suplentes deberían estar en igualdad de condiciones que los titulares (jóvenes, mujeres, etcétera), por lo que finalmente Marisol obtuvo su diputación, pero no asumió el cargo, y entonces Ramiro Alonso de Jesús finalmente fue llamado para tomar la curul vacante.

Militantes perredistas habían advertido sobre las verdaderas intenciones de Ramiro, aunque él negaba que su intención fuera convertirse en diputado.

También en el caso de Acapulco hubo quienes señalaron, durante el pasado proceso electoral, que el otro Ramiro, Solorio, buscaba imponer a su esposa en la regiduría y no precisamente ser presidente municipal, por el PSM, donde nunca tuvo oportunidad de ganar, pero sí de obtener una regiduría, la primera, en la que su esposa iba curiosamente como suplente de alguien que casi de inmediato pidió licencia.

Esta maniobra también fue advertida por comunicadores, politólogos y ciudadanos antes de las elecciones; “sus fuertes críticas hacia el ex alcalde Evodio Velázquez y su activismo simulado a través de su organización Soy Tu Brother, para denunciar las irregularidades de la ciudad, fueron con el propósito de colocar a su mujer como regidora, y así seguir viviendo del dinero público”, escribió el periodista Juan López.

En las redes sociales se dejó venir una andanada de críticas y reproches contra Ramiro Solorio, a quien acusan de orquestador con toda la alevosía y hasta la ventaja, de la maniobra que hasta ahora ha resultado tal como fue presuntamente planeado.

Lo cierto es que, aun cuando el fenómeno de las Juanitas ocurrió hace casi una década en el ámbito nacional, y la artimaña en lo local hace 16 años, las leyes en la materia no han podido prever los fenómenos que siguen suscitándose.

Es muy posible que Ramiro Solorio salga a decir en su momento que no han incurrido, él y su esposa, en delito alguno, y tiene razón, porque si se tratara de una cuota de género no habría mayor problema.

El tema cae más bien en el terreno de lo ético.

De ser verdad –como se dice incluso en medios serios– que Solorio Almazán armó todo de tal manera que convenció primero a Margarita Rivera Vélez para simular un interés por la regiduría y abandonarla una vez logrado el cometido, y que después la impuso como candidata y a su esposa como suplente, como condición para ser candidato del PSM, entonces tienen fundamento las voces que se han alzado cuestionando una integridad política que constantemente ha presumido.

Y se cumpliría, como sucede casi siempre, aquello de que somos lo mismo que aquello que criticamos, o que es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que ver la viga en el propio. n