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Morena

Escrito por  Ginés Sánchez Oct 16, 2018

El fin de semana nos enteramos del trágico accidente, que puede muy posiblemente encuadrar penalmente como homicidio imprudencial, acontecido en Ixmiquilpan, Hidalgo, por un diputado federal emanado de las filas del partido Morena.

Y subrayo el término “partido” porque el Movimiento Regeneración Nacional es muchísimo más que eso: sus orígenes se sustentan en un amplísimo movimiento con muy sólidas bases populares y vienen desde las protestas por el grotesco fraude de 2006 y las expresiones pacíficas en Ciudad de México y el resto del país, y la posterior decisión de encauzar el descontento social mediante una variante de resistencia civil pacífica conocida como gabinete de sombra, que no fue más que la malentendida por muchos “presidencia legítima” de Andrés Manuel López Obrador, con sus millones de ya, desde entonces, afiliados, pasando por la constitución de una Asociación Civil y después una Agrupación Política Nacional (APN), por completo independiente de un PRD ya con poco rumbo, que fue puesto en evidencia tras la matanza de Iguala.

Morena, con un arraigo en el pueblo mexicano nunca antes visto en la historia de este país, para, después de todo esto, convertirse en un partido político, que si bien y por su naturaleza, traen consigo estos entes de interés público un sinfín de efectos indeseables, era indispensable para, en un tercer intento, conseguir acceder a la Presidencia de la República por los cauces democráticos.

Pues bien, los efectos nocivos de los partidos políticos, anteriormente mencionados, ya empiezan a afectar a Morena, y eso que ni siquiera el presidente electo ha tomado posesión del cargo. Y demos por sentado algo: de los miles de cargos de elección popular que se votaron este verano, a Morena se le colaron no pocos elementos de dudosa integridad, que sólo aplauden de forma hipócrita conceptos como la austeridad republicana, la cuarta transformación y todas sus (aún supuestas) implicaciones.

Es aberrante lo que sale a la luz gracias a que algunas cámaras constataron que, al parecer, el diputado en cuestión no respetó una luz roja, y a exceso de velocidad provocó el fallecimiento de un taxista, que haciendo su trabajo lo sorprendió una muerte inesperada y espantosa, provocada además por una camioneta de todo lujo, muy alejada de cualquier austeridad posible, ya que no sólo fue el brutal choque, sino que murió calcinado; y por si fuera poco, el servidor público, lejos de intentar auxiliar, huyó del lugar con sus guaruras y cubriéndose cobardemente el rostro.

De cómo termine este penosísimo asunto, que también nos da luces de un cierto tipo de nepotismo (el hermano del diputado es, sin más, alcalde de Ixmiquilpan), marcará pautas para la próxima administración federal en temas como complicidades, encubrimientos e impunidad. El manejo de crisis y procesamiento de este caso de probable homicidio culposo, por parte del partido y sus correligionarios, sin duda han de dar directrices a todo funcionario público (más aun del partido mayoritario, Morena), de cómo ha de conducirse con una pequeña o no tanto, dosis de poder político.

También dejará más que en claro los límites del fuero constitucional: o cumple la función de su espíritu jurídico o continúa desvirtuado y a manera de una licencia oficial de impunidad.

México entero está ya pendiente del caso, que no puede más que empezar por el inmediato proceso de desafuero para que este servidor público enfrente la justicia, y ésta deslinde responsabilidades.

Morena, el partido, a pesar de su enorme legitimidad, podría llegar al extremo de empezar, desde ya, a cavar una tumba muy prematura al mismísimo lopezobradorismo, y llevar la situación, incluso, a repetir la penosa historia de las esperanzas hechas añicos de la fallida administración de Vicente Fox (2000-2006) y todas las barbaridades que eso engendró, durante casi los últimos 20 años.

Estemos, pues, muy pendientes... n