Valorar la basura

Escrito por  José de la Paz Pérez Oct 21, 2018

Lo que es basura para nosotros, para países como Japón, Italia, Alemania, Bélgica, Suiza y Canadá, es un gran negocio, pero lo más importante es que, al separarse y reciclarse, ayuda a prolongar la vida y utilidad de los recursos naturales, lo que deriva en beneficios directos para los seres humanos y el medio ambiente.

Destaca, sobre las naciones enunciadas, Suecia, que se ha convertido en el único país del orbe que incluso compra desechos a sus vecinos, ya que utiliza 99 por ciento de residuos para generar la electricidad que consume más de un cuarto de su población.

Viendo esos datos, no se entiende cómo en México se sigue con la cultura de generar basura y no material reciclable, cuya diferencia está en separar los desechos y entregarlos así a los recolectores para que los concentren en las plantas recicladoras.

En Acapulco, por ejemplo, se han vivido capítulos –muy sucios por cierto–, protagonizados por nuestras autoridades y sufridos por la población en general cuando la crisis ha llegado a tal grado que los camiones recolectores dejan de prestar el servicio bajo el argumento de problemas económicos por la falta de pago del ayuntamiento.

¿Problemas económicos?, ¿acaso no saben que la basura separada representa dinero y no gastos? Entre los argumentos esgrimidos por gobiernos en varios estados de la República, para no implementar una política que contemple el reciclaje de residuos, destaca el hecho de que, dicen, una planta recicladora es demasiada costosa como para gastar en ella. ¿Gastar o invertir?, ¿han buscado la diferencia entre los conceptos?

Suponiendo sin conceder, que los costos de inversión sean demasiado altos, también existe la posibilidad de concesionar el servicio de recolección a empresas recicladoras, lo que derivaría en primer lugar a que el municipio dejara de gastar en empleados, renta de maquinaria y una alta burocracia en las oficinas de Saneamiento Básico, como es el caso de Acapulco.

Aparte del ahorro, la concesión significaría ingresos a las arcas del gobierno municipal con el cual se atenderían otras demandas.

Sin embargo, por años se ha hablado del gran negocio que significa la basura para algunos, un negocio sucio sin duda, que beneficia a unos cuantos y no al resto de la población.

Se estima que en México se recicla sólo 30 por ciento de la basura en los rubros de cartón, vidrio y plástico; país en el que “sigue habiendo poco interés por el reciclaje; hay mucho estigma alrededor de los residuos y se necesitan más empresas que se dediquen a transformar esa basura en materia prima y la reintegren a la cadena productiva”, señala José Ricardo Vélez Molina, gerente de operaciones de la empresa Recicladora del Pacífico.

En Acapulco vemos a diario gente que se dedica a la recolección de residuos de aluminio, particularmente de cerveza, refrescos y jugos, porque es el material mejor pagado en la industria recicladora; últimamente ha habido quienes recolectan plástico Pet, el cual se paga a un precio muy bajo y su peso es insignificante, pero que representa el principal material que afecta el medio ambiente y cuya presencia en tierra y mar significa una causa importante del calentamiento global y un grave peligro para las especies marinas.

De hecho, en el seno de las familias ha aumentado poco a poco la práctica de separar envases de plástico y aluminio, lo que no sucede con el cartón, el fierro o residuos de alimentos.

“En Guerrero, al menos en 2012, lo que más se recuperó fueron los metales; 34.4 por ciento del total correspondió al cobre, bronce y plomo; 22.9 a fierro, lamina y acero, y en tercer lugar el PET y el papel y cartón. Sin embargo, en 2010, el primer lugar correspondió al papel y cartón con 70 por ciento del material reciclado”, difundió la Semarnat en 2014.

El reciclaje sin duda es una opción económicamente viable y atractiva tanto para el municipio como los inversionistas, pero se requiere voluntad y capacidad para dar ese paso que además traería como beneficios nada despreciables, la preservación recursos naturales, disminución de la contaminación, ahorro de energía, de dinero y de petróleo.

Habría que cambiar nuestro chip, ese que nos dice que debemos tirar a la basura algo que “ya no sirve ni tiene valor alguno”, e instalarnos uno que nos permita ver dinero en cada desecho y la oportunidad de ayudar a mejorar nuestro entorno, ese que está a punto de sucumbir porque generamos basura y no beneficios. n