Tres errores de Peña Nieto

Escrito por  Ginés Sánchez Oct 30, 2018

Siempre he sostenido que la Historia, con mayúsculas, será más generosa con Enrique Peña Nieto de lo que hoy parece. El saldo, a pesar de los pesares, y ya visto a la distancia, y la objetividad que da el tiempo, hará que se le juzgue más en positivo; al final de cuentas deja una serie de reformas constitucionales que dan a México un marco jurídico constitucional que da al gobierno entrante y a los sucesivos un mayor margen de maniobra en distintos ámbitos, tan es así que Andrés Manuel López Obrador ha declarado en no pocas ocasiones su intención de prácticamente no tocar la Constitución, y eso teniendo de facto la mayoría calificada en el Congreso para hacerlo, lo mismo en las legislaturas locales; sólo baste el ejemplo de la reforma energética. Suprimirla sería algo impensable, basta con que el gobierno entrante la aproveche para bien, mediante su implementación con criterios mucho más nacionalistas y de transparencia.

Algunos de los emblemáticos graves errores de Peña, por otra parte, están o estuvieron, uno, en no desmarcarse firme y tajantemente de su antecesor, Felipe Calderón, y su legado de guerra, anarquía, impunidad y muerte; el no haberlo hecho, como desde ya, antes de asumir la Presidencia, lo ha dejado en claro López Obrador, ha hecho que ahora los muertos de Calderón, para la opinión pública mexicana, de tan corta memoria, sean también “los muertos de Peña”.

El haber honrado su palabra hasta el límite en el supuesto y ya evidente pacto con Calderón le trajo un costo político que no era suyo; nunca de los nuncas dejó entrever siquiera la herencia negra que tuvo que cargar a sus espaldas debido a una guerra absurda, perversa y perdida de antemano que no inició él y venía desde diciembre de 2006. De haberlo hecho, incluso sin animarse a cambiar de enfoque la cuestión de las drogas en México, su popularidad durante todo su sexenio habría sido otra mucho más alta.

Otro error garrafal fue incluir en su discurso la barrabasada de que la corrupción en México “es cultural”, inherente al mexicano, casi festejándola e incluyéndola en el ADN de todos, lo cual hizo, junto con escándalos como el de la casa blanca y los de algunos gobernadores de su mismo partido y sus tolerados abusos, que la corrupción se multiplicara aun más, y dio, sin que fuera la intención, una suerte de patente de corso nacional y en todos los sectores para actuar sin pudor de manera corrupta, al fin que lo presentó de manera abierta como algo normal; en los hechos, y contrario a la firme intención de Andrés Manuel de utilizar la metáfora de barrer las escaleras de arriba para abajo, él las ensució en la misma dirección, aun más de lo que ya estaban.

Otro de los grandes yerros, aunque sin duda y ni de lejos son los únicos, fue lo que Porfirio Muñoz Ledo calificó como “el peor dedazo de la historia”: el decantarse por un tecnócrata neoliberal a ultranza, ajeno al PRI, como su candidato, sin la menor personalidad y carisma y mucho más identificado con la militancia e intereses del partido blanquiazul –famoso por su ineptud e improvisación políticas– que con el (aún) partido tricolor.

Ahora desde la presidencia de ese instituto político, la señora Ruiz Massieu habla de que el partido “vuelva a sus orígenes”, a lo que algunos actores ya le han respondido, y con mucha razón, que Morena ya se les adelantó en esos afanes. n