El coco del gobierno

Escrito por  Oct 15, 2017

Desde hace unos meses que iniciaron las rondas entre México, Canadá y Estados Unidos para actualizar el Tratado de Libre Comercio (TLCAN), los dos países del norte han insistido en la necesidad de que el gobierno azteca aumente el sueldo a los trabajadores mexicanos, porque consideran que los bajos sueldos que percibe la mayoría de los empleados de todos los sectores, es una ventaja de nuestro país para que las maquiladoras y otras empresas extranjeras nos prefieran para instalar sus fábricas y ensambladoras.

Sin embargo, el gobierno mexicano se ha negado sistemáticamente a ello, al aumento de salarios, con el pretexto de que, los sueldos bajos, propician la creación de empleos y aumentarlos crean inflación.

Pero los representantes de Canadá y EU no alcanzan a comprender por qué las autoridades de nuestro país prefieren mantener en la pobreza a sus trabajadores, sin que sientan remordimientos o se compadezcan del grado de necesidad que tiene la clase obrera de conseguir mejor bienestar para su familia, a través de su salario.

Quien más ha criticado esta negativa del gobierno mexicano es un líder obrero canadiense, pues dentro de sus críticas señala los beneficios que tendría para nuestro país el que los trabajadores tengan mejores salarios, como sería más consumo interno, lo que generaría, eso sí, mayor generación de empleos; la clase obrera trabajaría con mejor ánimo, logrando mayor productividad en las empresas, que, a su vez, podrían exportar mayor cantidad de sus productos; habría más posibilidades de salir de vacaciones con la familia, y no pasarse los días de asueto encerrados en la casa por la falta de dinero para disfrutar de un solaz y merecido esparcimiento, que impulsaría el turismo local. Quienes habitamos este país, nos extraña la actitud de nuestro gobierno, porque sabemos cuánto ganan los altos funcionarios y los aumentos exorbitantes que disfrutan, además de los bonos y prestaciones que se autorizan a sí mismos. Mientras, el grueso de la población debe conformarse con dos pesotes de aumento al salario mínimo, cada año, como si con este incremento al sueldo las empresas se descapitalizaran.

Con esta situación que el gobierno no quiere modificar los salarios ni con las sugerencias de los otros dos países miembros del TLCAN, pareciera que hay mexicanos de tres categorías. Veamos: de primera, los altos funcionarios de los tres poderes de gobierno, que gozan de grandes privilegios y gastos de todo tipo, que son una ofensa para la clase obrera. De segunda, los trabajadores de algunas dependencias del gobierno que tienen demasiadas prestaciones, como son los que laboran en la CFE, IMSS, PEMEX, entre otras. Y, de tercera, la mayoría de la clase obrera que percibe salario mínimo o máximo diez salarios mínimos, que carece de prestaciones o cuenta con tan pocas que apenas se nota el beneficio.

Este viernes pasado, en su visita a México, el primer ministro canadiense Justin Trudeau declaró en el Senado que mejores salarios y mejores condiciones laborales es la forma de modernizar el TLCAN, y recuperar, así, un mundo libre y justo; que las prioridades políticas y económicas deben ser las de las personas de la clase media, para que puedan tener dinero para sus hijos. Ojalá las autoridades mexicanas hayan captado el mensaje y recapaciten. Los representantes de Canadá y EU que llevan a cabo las rondas de negociación del TLCAN han sugerido que el trabajador mexicano debe ganar 72 pesos por hora, lo que equivaldría a 576 pesos por el turno de 8 horas. Recordemos que el salario mínimo actual es de 80.04 pesos diarios, que es casi la cantidad que sugieren por hora los otros dos países.

Pero no soñemos en imposibles, pero sí es necesario considerar un aumento considerable al salario mínimo en nuestro país, o como alguien sugirió hace tiempo: si no quieren aumentar el salario, entonces reduzcan las quincenas, o sea, que nos paguen por semana lo que nos pagan ahora cada quincena. A final de cuentas, si México se mantiene terco a aumentar el salario mínimo en una forma honrosa, podrían sacarlo del TLCAN, de todos modos, qué beneficios ha obtenido la población y los pequeños empresarios de este Acuerdo, si desde que se firmó, en 1992, y entró en vigencia el 1 de enero de 1994, los tres países han trabajado conjuntamente para incrementar su competitividad y el bienestar de sus ciudadanos, al menos esa fue la intención original, sin que hasta la fecha en México se vean los beneficios, y sí los perjuicios, como el abandono en que se mantiene el campo mexicano, que ha dejado de producir alimentos para nuestro consumo y deben ser importados de Estados Unidos y Canadá.

Entonces, ¿qué debemos esperar de estas rondas de negociación del Tratado? Pues el gobierno mexicano siempre declara que las pláticas van por buen camino, lo que no dice para quién. Siempre mostrando buena cara ante los mexicanos, pero sumisos ante los poderosos países del norte. Ojalá y, ahora sí, se logren beneficios para los tres países que dieron origen a este tratado. Finalmente, también hay que recordar que, políticamente, se ha dicho que entre más pobres haya en el país, más votos para el PRI, porque, en tiempos electorales, los amenazan con quitarles los programas sociales si no votan por los tricolores. O sea, un pobre, un voto.

Pobreza e ignorancia, los grandes aliados del PRI. n