Recuperar el esplendor

Escrito por  José de la Paz Pérez Nov 18, 2018

Ahí estaba frente a mí. Antes de ese día no la conocía ni en fotografía; sólo la había escuchado en la radio o en las tardeadas, de 4 a 8 de la noche, que tenían lugar en el OUI Disco, emblemático lugar de la juventud de los años 80. Ni siquiera sabía de quien se trataba hasta que un compañero me dijo que era Gloria Gaynor, sí, la cantante que inmortalizó la canción I wil survive (Sobreviviré), tema que duró al menos cinco años como el más bailado de las discotecas.

El espectáculo fue impresionante, boquiabierto, lo disfrute ahí, cerca de la pista central de ese centro de baile juvenil (hoy le dirían antro), lugar que estaba ubicado en una parte de lo que ahora es Galerías Diana.

Era el Acapulco aquel que aún conservaba lo que llama la alcaldesa de Acapulco, Adela Román Ocampo, el esplendor, pero también el atractivo que actualmente está disminuido a la vista de los turistas, y sobre todo de artistas de la talla de quien alguna vez fue llamada La Reina de la Discotheque.

De hecho, en aquellos años era muy común ver artistas y gente importante en la Costera. En otras ocasiones me tocó ver actuar al grupo Sylvester interpretando, entre otras canciones, su éxito You Make Me Feel, o a su tocayo, Sylvester Stallone (Rambo, Rocky, Cobra, etc…) tomar la copa en Le Jardin, en ambas ocasiones, desde un lugar oculto, porque era muy joven para entrar a esa exclusiva disco y, además, si hubiera tenido la edad, no tenía el dinero para darme esos lujos.

Anita Ward (Ring my bell), France Joli (Come to me), entre otras estrellas, fueron algunas de las que tuve oportunidad de conocer sin necesidad de gastar un centavo, repito, era el Acapulco del esplendor.

Hoy las cosas son muy diferentes. Hoy la inseguridad –tema ya muy trillado pero actual, por desgracia– el mal servicio, la falta de imaginación de autoridades y turisteros, mantienen a Acapulco en una lista negra, en una de las opciones menos recomendable para viajar, en especial de acuerdo a reportes del gobierno de Estados Unidos de Norteamérica.

El pasado viernes se instaló el Consejo Consultivo Municipal de Acapulco, el cual encabeza la presidenta Adela Román; durante el evento, se dijeron muchas cosas, se manifestaron muchas buenas intenciones, y la misma alcaldesa sugirió que trabajando adecuadamente podría recuperarse ese esplendor perdido, y fue más allá al decir que, si bien el puerto no será lo mismo que antes, sí podría ser mejor.

Pero también puso en la mesa un tema que normalmente se pasa por alto: hoy el Paraíso de América enfrenta la competencia que no existía en los años 60, 70 y 80, no sólo en el extranjero, sino en México mismo, por lo que el desafío es doble: superarse a sí mismo y superar a otros destinos turísticos ya posicionados.

Román Ocampo expresó que ya está haciendo la tarea que le corresponde, y habló de la posibilidad de atraer una parte de los 120 millones de chinos que recorren el mundo cada año, pero antes de eso salta nuevamente el tema de tener limpia la casa, dar seguridad a los visitantes y, sobre todo, que exista la percepción en el mundo de que Acapulco es, efectivamente, un lugar seguro y recomendable para viajar.

Pero la alcaldesa nuevamente fue más allá al suponer que la nuestra podría ser la ciudad más segura del mundo, claro, pequeño detalle, si así lo queremos, si trabajamos en el mismo sentido y con la misma voluntad, casi nada.

El Consejo Consultivo de Turismo local se erigió durante su instalación como la panacea, pero hay que tener memoria, los que antes se había constituido fueron un fiasco, sus sesiones eran reuniones de amigos, en fin, nunca hicieron algo que se les agradeciera, por eso desaparecieron.

Claro, hoy son otros tiempos, hoy estamos hablando de la Cuarta Transformación; hoy son otros rostros y nuevas ganas de hacer bien las cosas; al menos eso es lo que dijeron.

Si esas ganas que mostraron se traducen en acciones y todos jalan hacia la misma dirección establecida, es posible que, si bien no seremos los padres del turismo como se pretende, sí podríamos hablar de establecer las bases sobre la que se construya una nueva realidad, pero sí, y sólo sí, si hacemos al menos lo estrictamente necesario. De otra manera, no. n