La decadencia de la derecha

Escrito por  Ginés Sánchez Nov 20, 2018

El Partido Accion Nacional (PAN) perdió, y dado su proverbial y característica torpeza y falta de oficio político, la dorada oportunidad de una refundación, un cambio no sólo meramente cosmético, sino desde sus cimientos mismos, socavados por los dos ex presidentes emanados de sus filas.

Nunca el PAN pensó en una expulsión de esos dos personajes – Vicente Fox y Felipe Calderón–, pensando en la falsa muletilla de que “son un activo para el partido”, cuando una expulsión hubiese supuesto un golpe sobre la mesa de la dirigencia y uno más, mucho más fuerte, mediático, enviando un mensaje positivo a la opinión pública. Inexplicablemente, el cada día más impresentable Felipe Calderón los madrugó en ese sentido, con la renuncia de su esposa primero y después dándose el lujo de restregarles la suya en la cara y eso de la absurda idea de crear un partido político propio “para que los ciudadanos que no se sientan representados por ningún partido, se sientan con la supuesta nueva fuerza política en ciernes”.

El terremoto que se dio a raíz de las declaraciones del abogado de Joaquín Guzmán Loera dentro del marco del juicio en Estados Unidos, contra Calderón, por supuestamente haber recibido millonarios sobornos del crimen organizado, deja a la derecha (siempre necesaria en toda democracia como contrapeso) pésimamente mal parada, y dado que el PAN nunca se atrevió a expulsar a Calderón, incluso dado su abierta traición al verse a todas luces mucho más cercano al PRI (caso similar a Fox), su supuesto enemigo por décadas, ahora el tsunami de descrédito que provocan las declaraciones de la defensa de Guzmán, arrasan parejo con la reputación de los Calderón Zavala y con el partido blanquiazul.

Se pudo evitar ese descrédito con la expulsión de los Calderón Zavala antes de sus respectivas renuncias; el PAN estaría hoy limpio, en buena medida, de toda la mancha de sospecha de sociedades con el crimen organizado que tanto daño han hecho a México, y ese partido, por ende, se habría ya convertido en una opción real para los ciudadanos que eventualmente no se sintieran representados por el gobierno entrante o el resto de la oposición, pero como el hubiera no existe y a palo dado ni Dios lo quita, y sumado todo al escenario de división interna y canibalismo político hacia dentro del partido de orígenes reaccionarios a la Revolucion Mexicana, ni más ni menos, su horizonte es de un gris muy oscuro, tanto que luce más factible una reconfiguración y resurgimiento del PRI en unos años, que del partido de la derecha, conformado todavía por elementos improvisados, torpes e hipócritas, más una dosis de peligrosa mezcla entre ingenuidad y perversidad.

En otro orden de ideas, la comentocracia anti lopezobradorista se queda cada día más sola, no les ha funcionado nada, es más, peor aún, ante cada intento de nueva embestida la popularidad del presidente electo no ha hecho más que venir creciendo (sí, aún más), y es que hay un punto incuestionable, todos esos personajes tienen muy claro el objetivo de sus ataques furibundos, las más de las veces basados en exageraciones e infundios, cuando no de plano en calumnias, carecen por completo del reverso de la moneda de sus argumentos: no tienen qué o a quién defender, el régimen ya saliente y sus líderes más visibles se va con índices de desprestigio no sólo bajos, sino cayendo en picada y sin tocar todavía el fondo; cuando creemos que ya lo hemos sabido todo, salen a la luz escándalos nuevos, y los saldos de los últimos 18 años de prianismo son francamente muy pobres en los rubros que le pegan al ciudadano de a pie y que lo indignan y ofenden; la comentocracia del odio se ha quedado sin asideros, que la puedan dotar de la mínima credibilidad. n