El claro mensaje del Senado

Escrito por  Ginés Sánchez Nov 27, 2018

El senador de Morena por Guerrero, Félix Salgado Macedonio, envió un mensaje claro y contundente a los gobernadores-señores feudales (desde tiempos de Vicente Fox): simplemente, los gobernadores no pueden más ver al presidente de la República como a una botarga, como ha sido durante los tres últimos sexenios, desde que Fox Quesada les dio un caudal de facultades y recursos en forma exagerada, por decir lo menos, lo que explica el surgimiento de personajes monstruosos como desde un Aguirre hasta unos Duarte, un Yunes o un Borge, sólo por mencionar un puñado de sátrapas a botepronto. Y es que, por sólo dar un ejemplo, el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, no ha dejado de ventilar ante los medios mentiras, en cuanto a falsa información de los mal llamados “superdelegados”.

La estructura en la que se dirigirán los programas federales a las entidades federativas va a cambiar, simplemente porque es una facultad exclusiva del Ejecutivo hacerlo; cualquier inconformidad o suposición de inconstitucionalidad debe canalizarse institucionalmente, por medio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, no así por los medios de comunicación, que sólo hacen que el ciudadano se desinforme, abonando al enrarecimiento del clima político.

Con el asunto tan claro, resultaba imperativo enviar un mensaje claro y contundente a los gobernadores que se han mostrado alterados sin motivo, porque sólo se pretende eliminar incentivos perversos a la hora de aterrizar los recursos de estos programas, como por ejemplo un exceso de intermediarios, que sólo favorecen la corrupción entre el número exagerado de delegados y gobiernos estatales, no favoreciendo así a los beneficiarios finales, tan sencillo como eso.

Si bien el supuesto de la desaparición de poderes en las entidades federativas está previsto en nuestra Carta Magna desde el Constituyente de 1917, las dos últimas veces que el Senado participó en dichos procesos fue en Guerrero (1961), en el sexenio de Adolfo López Mateos, y en Hidalgo en 1975, durante la administración de Luis Echeverría. Su reglamentación no es tan clara... pero ahí está, latente y a nivel constitucional, y en el último de los casos, si de reglamentar se trata, esto se hace, y se acabó.

Así tenga razón Alfonso Durazo en sus declaraciones en cuanto a que esos tiempos quedaron atrás en Mexico, también deben quedar atrás muchas prácticas deleznables, como la supeditación de los tres últimos presidentes, cual títeres, a una pléyade de los llamados poderes fácticos, entre los que bien pueden encajar los gobernadores.

En fin, el cambio de régimen debe darse privilegiando el diálogo y el consenso, a pesar de la natural reacción de estos grupos con poco sentido patriótico, y también que no se olvide algún gobernador despistado de esos cambios, menos del mandato constitucional que el pueblo de México dictó el pasado 1º de julio. El próximo presidente no puede y no va a ser rehén de nadie, cueste lo que cueste, haya los chantajes que haya, de quien sea.

El próximo sexenio habrá un Poder Ejecutivo fuerte, lo suficiente para no ser borrado del mapa por un puñado de intereses mezquinos. A eso obedece también el mensaje dado por Monreal a la banca extranjera y usurera.

Nunca más que se mencione en México el término “Estado fallido”. n