Cambio de régimen

Escrito por  Esthela Damián Peralta Dic 05, 2018

Con la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador el pasado 1º de diciembre no sólo dio inicio un nuevo gobierno, sino un cambio de régimen político.

En su mensaje a la nación, López Obrador destacó el hecho de que se llevará a cabo una transformación pacífica y ordenada, pero al mismo tiempo profunda y radical, porque se acabará con la corrupción y con la impunidad que impiden el renacimiento de México.

También expresó el firme deseo de convertir la honestidad y la fraternidad en modo de vida y de gobierno. Dejó en claro que no se trata de un asunto retórico o propagandístico, sino que estos postulados se sustentan en la convicción de que la crisis de México se originó no sólo por el fracaso del modelo económico neoliberal aplicado en los últimos 36 años, sino también por el predominio en este periodo de la más inmunda corrupción pública y privada.

En otras palabras, dijo, nada ha dañado más a México que la deshonestidad de los gobernantes y de la pequeña minoría que ha lucrado con el influyentismo. Esa es la causa principal de la desigualdad económica y social, y también de la inseguridad y de la violencia que padecemos.

En cuanto a la ineficiencia del modelo económico neoliberal, citó que ni siquiera en términos cuantitativos ha dado buenos resultados. Al respecto, recordó que luego de la etapa violenta de la Revolución, desde los años 30 hasta los 70 del siglo pasado, es decir durante 40 años, la economía de México creció a una tasa promedio anual de 5 por ciento.

Y durante ese mismo periodo, en dos sexenios consecutivos, de 1958 a 1970, cuando fue ministro de Hacienda Antonio Ortiz Mena, la economía del país no sólo creció a 6 por ciento anual, sino que este avance se obtuvo sin inflación y sin incremento de la deuda pública. Por cierto, Ortiz Mena no era economista, sino abogado.

Posteriormente hubo dos gobiernos, de 1970 a 1982, en el que la economía también creció a una tasa de 6 por ciento anual, pero con graves desequilibrios macroeconómicos, es decir con inflación y endeudamiento.

En cuanto a la política económica aplicada durante el periodo neoliberal, de 1983 a la fecha, sostuvo que ha sido la más ineficiente en la historia moderna de México. En este tiempo la economía creció 2 por ciento anual, y tanto por ello como por la tremenda concentración del ingreso en pocas manos se ha empobrecido a la mayoría de la población hasta llevarla a buscarse la vida en la informalidad, a emigrar masivamente del territorio nacional o a tomar el camino de las conductas antisociales.

Con realismo y sin prejuicios ideológicos, señaló que la política económica neoliberal ha sido un desastre, una calamidad para la vida pública del país. Citó que, por ejemplo, la reforma energética, que afirmaron que vendría a salvarnos, sólo ha significado la caída en la producción de petróleo y el aumento desmedido en los precios de las gasolinas, el gas y la electricidad.

En este sentido, recordó que cuando se aprobó la reforma energética hace cuatro años se afirmó que se iba a conseguir inversión extranjera a raudales, como nunca. El resultado fue que apenas llegaron 760 millones de dólares de capital foráneo, lo que únicamente representó 1.9 por ciento de la incipiente inversión pública hecha por Pemex en el mismo periodo, y apenas 0.7 por ciento de la inversión prometida.

En los considerandos de las leyes aprobadas en ese entonces se aseguraba que en ese año estaríamos produciendo 3 millones de barriles diarios, y la realidad es que estamos extrayendo sólo 1 millón 763 mil barriles diarios. Es decir 41 por ciento menos de lo estimado, y con tendencia a la baja.

Advirtió que es tan grave el daño causado al sector energético nacional durante el neoliberalismo, que no sólo somos el país petrolero que más gasolinas importa en el mundo, sino que ahora ya estamos comprando petróleo crudo para abastecer a las únicas seis refinerías que apenas sobreviven. Téngase en cuenta que precisamente desde hace 40 años no se construye una nueva refinería en el país.

Preocuparon los datos que proporcionó sobre los saldos que ha dejado la política económica neoliberal o neoporfirista. Mencionó que aunque de México es originario el maíz, somos la nación que más importa este grano en el mundo. Antes del neoliberalismo producíamos y éramos autosuficientes en gasolinas, diésel, gas y energía eléctrica. Ahora compramos más de la mitad de lo que consumimos de estos insumos.

Según la última medición de Transparencia Internacional, ocupamos el lugar 135 en comparación con 176 países evaluados. Ocupamos el lugar 135 en corrupción, entre 176 países evaluados, y pasamos a ese sitio luego de estar en el lugar 59 en el 2000, subir al 70 en el 2006, escalar al 106 en el 2012 y llegar en 2017 a la vergonzosa posición en que nos encontramos.

Por eso insistió en que el distintivo del neoliberalismo es la corrupción. Tuvo toda la razón cuando afirmó que el poder político y el poder económico se han alimentado y nutrido mutuamente y se ha implantado como modus operandi el robo de los bienes del pueblo y de las riquezas de la nación. n