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Alberto Vásquez Del Mercado

Escrito por  Javier Soriano Guerrero Oct 22, 2017

Hoy quiero hablar de otro ilustre guerrerense, que no es tan conocido como Ignacio Manuel Altamirano o Juan Ruiz de Alarcón; sin embargo, dentro del ambiente jurídico sí es mencionado, aunque la mayoría de las personas escriben su apellido con zeta, debiendo ser lo correcto con ese.

Alberto Vásquez del Mercado nació en Chilpancingo el 20 de marzo de 1893; murió el 11 de julio de 1980 en la Ciudad de México. Fue hijo de Jesús Vásquez del Mercado y doña Nicolasa Marquina.

Hizo los estudios de primaria y de Normal en su ciudad de origen; ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria, donde fraternizó con Antonio Castro Leal, Manuel Toussaint y Teófilo Olea y Leyva, su amigo cercano desde Chilpancingo.

Perteneció al grupo de los Siete Sabios de México, entre los que se encontraban Manuel Gómez Morín, Vicente Lombardo Toledano, Antonio Castro Leal, Alfonso Caso, Teófilo Olea y Leyva y Jesús Moreno Baca.

Vásquez del Mercado brilló intensamente en esa comunión de espíritus privilegiados, al grado de llegar a ser “primus inter pares”. Todos se reunieron en la Nacional Preparatoria y concluyeron en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, donde se graduaron en 1919.

Fue juez de primera instancia en Acapulco; en 1923, subsecretario de Industria y Comercio.

Fue consejero del Banco Central, al que renunció cuando advirtió que el abuso de la excesiva emisión de dinero perjudicaría, como ha sucedido varias veces, a la economía del país.

En 1928, al reorganizarse la Suprema Corte de Justicia de la Nación, fue designado magistrado adscrito a la recién formada Tercera Sala Civil, en la que se desempeñó con singular acierto. Fue uno de los ministros más jóvenes de la Corte; tenía 37 años cuando su nombramiento

Demostró sus vastos conocimientos sobre la materia, y es aquí, como magistrado, donde constituyó su verdadera y más alta cátedra, pues tuvo una innegable proyección e influencia en todo el país por la fuerza y consistencia de sus opiniones que, a menudo, sentaron jurisprudencia. No obstante, el corto lapso que estuvo en la Corte, dejó huella imperecedera y estableció precedentes que aún se observan.

El prestigio de Vásquez del Mercado se acrecentó cuando renunció a su cargo en un inusitado gesto de cívica protesta por la violación de dos amparos concedidos al ilustre político y jurista don Luis Cabrera, a quien desterró el presidente Pascual Ortiz Rubio por atreverse a dictar conferencias y escribir artículos en los que juzgó con severidad a los gobiernos posteriores a don Venustiano Carranza.

Vásquez del Mercado es el único magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que ha renunciado a su cargo, en la historia contemporánea de México, declarando en su momento: “Renuncié en 1931 a la Corte porque no obedecieron las autoridades políticas un desistimiento, y de todas formas expulsaron del país a Luis Cabrera”.

Fue abogado incorruptible; siempre se mantuvo a distancia de los codiciosos que sacrifican los principios a las pasiones más bajas o a la acumulación de riquezas.

Siempre consideró la corrupción como el peor mal de los políticos, que no respetan los bienes ajenos y los del Estado para apropiárselos.

En una entrevista donde le preguntaron su opinión sobre el Poder Judicial respondió que deseaba “que sea independiente del Estado y funcione adecuadamente, pero la sumisión de la Corte ha sido creciente y se acentuó cuando, por criterios políticos, el ejecutivo federal designó al presidente y ministros”.

En todo momento, recordaba Vásquez del Mercado su decisión de renunciar a la Corte porque se desobedeció su mandato, experiencia histórica a la luz de la reinterpretación, precisa:

“La iniciativa que dará a la Corte injerencia en asuntos políticos me parece desacertada. Creo que tienen razón en oponerse algunos ministros del Poder Judicial. Con esta nueva reforma a la Constitución, la Corte dependerá más del Ejecutivo porque su acción será política y estará, por tanto, sometida al mandamás político del país, el presidente de la República”.

Le preguntaron ¿Por qué esa actitud de los magistrados de la corte?, respondiendo: “La inmovilidad de los magistrados tiene un efecto contrario. Prefieren las canonjías y prebendas a independizarse del Presidente. Se los llevan ahí como premio, como si se hubiesen sacado la lotería. Y esos puestos se han convertido casi en hereditarios: sus hijos trabajan con ellos y algún día, cuando se reciban, ocuparán ese puesto”.

En el ocaso de su vida se le propuso un homenaje de reconocimiento a su calidad de crítico literario, eminente jurista, maestro de generaciones e indiscutible patriota; pero Vásquez del Mercado lo declinó, con la modestia de un auténtico hombre valioso, juzgándolo inmerecido.

Como un homenaje a su memoria, la Suprema Corte de Justicia de la Nación honró a la Casa de la Cultura Jurídica de Acapulco con su nombre Alberto Vásquez del Mercado, donde se ofrecen diversos servicios a la población, principalmente a los interesados en el tema jurídico y a los estudiosos del derecho. Se encuentra en la Costera Miguel Alemán 2412, frente al hotel Calinda.

Honor a quien honor merece. n