Doctrina Estrada

Escrito por  Eduardo López Betancourt Ene 26, 2019

A propósito de la crisis internacional que se suscita en torno a Venezuela, en la cual parece exigido que las naciones tomen una postura, sea a favor o en contra de determinado gobernante o facción, resulta de interés traer a colación los principios históricos de la política internacional mexicana.

Se conoce como Doctrina Estrada a los principios que sostuvo durante su gestión como secretario de Relaciones Exteriores el licenciado Genaro Estrada en 1930. Estos axiomas, al ser aceptados en manera sucesiva por los gobiernos de nuestro país, empezaron a denominarse como su creador.

La Doctrina Estrada contiene cinco principios fundamentales: autodeterminación, no intervención, derecho de asilo político, reconocimiento de los gobiernos de facto y condena de las guerras de agresión.

Inclusive, de manera explícita, están incorporados en el texto del artículo 89 constitucional, relativo a las facultades del presidente de la República. La fracción X señala que le corresponde al primer mandatario dirigir la política exterior y celebrar tratados internacionales con aprobación del Senado. Para la conducción de tal política, la Constitución estipula que el titular del Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y la promoción de los derechos humanos, y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.

Ahora bien, el contenido básico de cada principio es el siguiente: La autodeterminación se refiere a que los habitantes de cada país son libres para implantar el modo de gobierno que más les convenga y para resolver sus problemas como mejor lo consideren. En el continente americano ha sido difícil la vigencia de este principio porque los grandes intereses del capitalismo lo han impedido a lo largo de toda la historia. Rara fue la nación americana ajena a intervenciones o agresiones de distinto carácter; sin embargo, el gran desarrollo de las comunicaciones; la aparición de organismos internacionales, que sirven de foro para escuchar la voz de todas las naciones, principalmente las protestas de las débiles en lo militar; las presiones de la opinión pública externa (internacional) e interna de los países poderosos, han impedido y denunciado las intervenciones injustas.

El principio de no intervención es una consecuencia de la autodeterminación. Establece que ningún país tiene derecho a intervenir en otro por ningún motivo o causa, sea de índole política, económica o social. Esta es la norma que debe regir en la política internacional de México, que ha de dejar los asuntos de gobierno interno a cada una de las naciones.

Vale la pena mencionar también el tema del reconocimiento de los gobiernos de facto. Nuestro país siempre ha procurado mantener relaciones armoniosas con todos los países, no sólo derivadas de intereses económicos y de la protección a los nacionales, sino también por la necesidad de una convivencia pacífica internacional. El problema, en relación con lo anterior, se presenta cuando surge un golpe de Estado con la idea de derrocar al gobierno reconocido por México. Cuando triunfa el grupo armado, se le llama gobierno de facto, por ser un gobierno hecho en ese momento y que sólo puede representar a una facción del pueblo.

En este caso, México ha de tomar medidas, como no emitir declaraciones sobre el conflicto. Habrá de esperar un tiempo para que la situación se clarifique al interior del país en crisis. En último caso, se puede otorgar reconocimiento si el gobierno que emerge del conflicto, además de ejercer control militar en todo el país, llega a realizar actos de gobierno, siempre por supuesto cuando la población lo consienta. n