Los milagros sí existen

Escrito por  José de la Paz Pérez Mar 04, 2019

“Si quieres escuchar sobre milagros, acude a un templo; si quieres ver milagros, acude a Alcohólicos Anónimos” (AA); palabras más, palabras menos, leí hace poco en una de las redes sociales que frecuento en la red mundial de la Internet.

Hace varias décadas, el papa Juan XXIII (1881-1963) se refirió a esta agrupación, que nació en 1935 en Akron, Ohio, Estados Unidos, como un milagro social del siglo XX.

Bajo esta premisa, este fin de semana se reunieron más de 40 mil milagros en el estadio Cuauhtémoc, en la ciudad de Puebla, para participar en la 12ª Convención Nacional de Alcohólicos Anónimos.

Sí, milagros vivientes porque ¿acaso no es milagro que una persona enferma de alcoholismo o drogadicción, a la que médicos, siquiatras y la misma familia habían desahuciado, de pronto esté de pie, más fuerte que nunca, llena de vida y, sobre todo, feliz?

Eso y más se vio durante la presentación de testimonios de gente de variados estratos sociales, creencias y edades; gente que regresó de la penumbra, que estaba a un paso del desastre final, convertida ahora en alguien radicalmente diferente, con sobriedad respecto al alcohol y a sus defectos de carácter, como el orgullo, el egocentrismo, la envidia y la ira, entre otros.

Pero este milagro no se circunscribe sólo al enfermo que ha logrado detener su obsesión por el alcohol, sino que se ha extendido a su familia, que ha dejado de sufrir por cada borrachera que terminaba en la falta de dinero para comer y cubrir otras necesidades básicas, lo cual derivaba en peleas, discusiones y eventualmente en separaciones y, a la postre, en el aumento de familias disfuncionales.

Los beneficios continúan a las empresas donde laboran esos miles de alcohólicos recuperados, pues, en consecuencia, se dejan de perder horas-hombre, y en el futuro se evitan el irse a engrosar las filas del desempleo, consecuencia recurrente en personas con este tipo de adicciones.

Y ahí no termina todo, de acuerdo con lo que reconoció el director del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Germán Martínez Cázarez, quien dijo que las más de 150 mil personas que hoy han dejado de beber o drogarse representan un importante ahorro a la institución y, en general, al gobierno federal, el cual ya no erogará miles de pesos por tratamiento a personas con un hígado destrozado o alguna enfermedad derivada de la manera desordenada de alcoholizarse.

Son estos milagros la especialidad de la casa, de los grupos de AA, que se definen como “una comunidad de hombres y mujeres que comparten sus mutuas experiencias, fortaleza y esperanza para resolver su problema común y ayudar a otros a recuperarse del alcoholismo”, cuyo único objetivo, dicen, es mantenerse sobrios “y ayudar otros alcohólicos a alcanzar el estado de sobriedad”.

De tal manera que AA cumplió 83 años de hacer este tipo de hazañas que ninguna otra organización en el mundo ha logrado, porque está claro que es el único lugar donde se puede y han dejado de beber y drogarse millones de hombres y mujeres a lo largo y ancho del globo terráqueo.

En México se conoce como fecha oficial de apertura del primer grupo el 25 de septiembre de 1946, día tras el cual ha ido creciendo esta comunidad a punto tal que arribaron ya a la edición número 12 de la convención nacional que se efectúa cada cuatro años desde 1976.

En abril de aquel año congregaron apenas 3 mil almas en la Unidad de Congresos del Centro Médico Nacional de la Ciudad de México –entonces Distrito Federal–, bajo el lema “Lograré todo contigo”. Hoy se logró congregar a más de 45 mil, de acuerdo con los cálculos preliminares, cifra similar a la obtenida en marzo de 2007 en el estadio Jalisco, de Guadalajara: 50 mil.

La máxima asistencia se ha logrado en el estadio Azteca, en la convención número 11, con el registro de 70 mil personas.

Durante la inauguración del encuentro de este viernes 1° de marzo, el director del IMSS recibió el libro número 3 millones del ejemplar que lleva el nombre, precisamente, de Alcohólicos Anónimos, conocido también como “el gran libro”, “el libro grande” o “la Biblia de AA”, escrito que cumplió ocho décadas colaborando en la salvación de la vida de millones de personas en el orbe.

Las cifras son frías, pero en AA representan, de acuerdo con lo atestiguado en la 12ª Convención, el calor de una vida recuperada, de un hogar feliz, de ser parte de un grupo de verdaderos amigos que están dispuestos más a dar que a recibir, que luchan día a día por salvar su propia vida para salvar las de otros que siguen sufriendo allá fuera con su manera de beber.

Son vidas arrancadas prácticamente de la muerte. Sí, suena a milagro, pero no sólo eso, sino que son eso: un milagro, miles, millones de milagros.

Lo dicho: los milagros sí existen. n