Donde lloran está el muerto

Escrito por  Isidro Bautista Soriano Mar 14, 2019

En todos los municipios de Guerrero es una lloradera de los alcaldes por la situación económica en que encontraron los ayuntamientos.

Ha sido la misma cantaleta cada vez que termina un trienio, sobre todo en la última década, que ha de tener hasta el cansancio a la gente, que ya de por sí está harta del clima de inseguridad.

Hasta el ciudadano menos experto en política pensó cuando los vio andar en campaña electoral: estos candidatos llegarán al cargo a administrar problemas, no recursos.

Pero como nunca faltan aquellos que con terquedad, a toda costa, quieren acceder al puesto de elección popular para hacerse rico, para ver qué se roban. Como confesó públicamente un ex alcalde de Nayarit –de San Blas–, lo que lo ha hecho famoso en todo México: él robó, sí, pero poquito. Y todavía después quiso ser gobernador.

Los alcaldes que ocupan actualmente el cargo en Guerrero, se supone, en el momento mismo en que firmaron el acta de entrega-recepción, seguramente se percataron que las arcas públicas estaban saqueadas. Era cosa sólo de confirmar, lo que el pueblo desde lo lejos ve.

En Acapulco, por ejemplo, todavía no se disipa del ambiente político la polvareda que levantó la presidenta municipal Adela Román al expresar que el quebranto financiero de Capama se debe fundamentalmente a su antecesor en el cargo, Evodio Aguirre Velázquez.

Aunque no ha dado a conocer públicamente a cuánto ascienden los daños patrimoniales que Evodio y su “bola de mañosos” ocasionaron, a estas alturas la alcaldesa ya debe conocerlo.

En Chilpancingo, donde gobierna Antonio Gaspar Beltrán, ocurre lo mismo, y el de Iguala, Antonio Jaimes Herrera, no se queda atrás, ni el de Taxco, etcétera, etcétera.

Todos lloran, pero no se ve que ninguno proceda penalmente. ¿Por qué no se ha actuado contra los depredadores?

La gente, los que votan cada tres años para elegir sus  autoridades, lo hicieron el año pasado, con hartazgo y esperanza, por López Obrador y su Movimiento Regeneración Nacional, porque ya estaban hasta el copete –usando palabras de AMLO– de tanto bandido, y lo hicieron también en Acapulco y muchos otros municipios del estado y del país, confiados de que habría un cambio y que, ahora sí van a pagar sus fechorías quienes han hecho de los cargos públicos un modus para robar.

Pero no parece así. Todo se queda en la boca, y lo peor es que quien la paga es el pueblo. A ningún ex presidente municipal se le ha comprobado alguna posible irregularidad financiera.

En Chilpancingo no hay el servicio de suministro de agua potable que se esperaba, y hay quienes opinan que siendo ese aspecto el mayor reclamo de la sociedad, después de la inseguridad, todavía se atreven a colocar en los organismos o dependencias encargadas de  proporcionar dicho servicio a gente sin experiencia en el ramo.

A lo mejor se quieren quedar simplemente en el llanto, como obra de teatro, a ver si el pueblo se la cree, pero el grueso de la gente dice: donde lloran está el muerto, y de que encontrarán dinero para robar lo encontrarán, porque ha sido cantaleta de varios trienios, con sus raras excepciones, claro. n

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