El neoliberalismo tecnocrático y el nitrógeno

Escrito por  Ginés Sánchez Mar 19, 2019

En medio de la manera en la que ha sido exhibida la clase política neoliberal mexicana, en cuanto al tema energético, bien vale la pena resaltar un ejemplo, sólo uno, del rol que jugaron los dos gobiernos federales panistas (2000-2012) respecto a la situación actual de Pemex.

De entrada, la administración encabezada por Vicente Fox no contaba con proyecto energético alguno para el país (a no ser la descarada e ingenua intención de privatizar el sector completo).

La política oficial se centró entonces en maximizar los ingresos por exportación de petróleo crudo en el corto plazo, sin intentar (ni remotamente) revertir el debilitamiento causado por la falta de inversión y el desmantelamiento de Pemex que comenzó (en mayor medida) en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

Aprovechando los altísimos precios internacionales del barril de crudo y en vez de una gran reforma petrolera, la solución fue sencilla: exportar la mayor cantidad de petróleo crudo posible mediante la sobreexplotación irresponsable de nuestros yacimientos; el principal método para maximizar la producción fue la inyección de nitrógeno en los pozos.

Este procedimiento incrementa considerablemente la extracción, pero quema a la atmósfera miles de millones de pies cúbicos de combustible, muchos de los cuales podrían recuperarse con la aplicación de otro método.

Con este método se contribuyó al más rápido agotamiento de los hidrocarburos, sin la incorporación de nuevas reservas que garantizaran nuestra autosuficiencia y seguridad energética a más largo plazo.

En los gobiernos panistas se convirtió a México en uno de los primeros países exportadores de petróleo del mundo, pero los ingresos excedentes de esos años se dilapidaron en el gasto corriente federal (principalmente alta burocracia) y se transfirieron, en buena parte, a los gobiernos estatales.

Durante el sexenio de Felipe Calderón, los ingresos petroleros del país aumentaron en 70 por ciento respecto al de Vicente Fox, y la política en la administración de los excedentes fue prácticamente la misma: gasto irresponsable de nuestros recursos, a costa de la dilapidación irresponsable de las reservas de hidrocarburos, muy lejos de convertir al sector energético en palanca de nuestro desarrollo, sin mayor inversión en refinación (lo que devino en importación de gasolinas caras) y sin la creación de un fondo de excedentes petroleros bien administrado.

En los sexenios del PAN sólo se sobrexplotaron indiscriminadamente los recursos, se abandonó a la industria de la refinación y se petrolizaron (aun más) las finanzas públicas, en ausencia de correctas reformas fiscal y energética; además, Pemex se ha endeudado de manera absurda e irresponsable (fundamentalmente por medio del esquema Pidiregas).

Hay quienes afirman que todo lo anterior ha sido premeditado en un intento por abrir aun más (ya se hace de modo disfrazado por medio de los contratos de servicios múltiples) la empresa al capital privado.

En 12 años, por no tocar el sexenio de Enrique Peña Nieto y sus barbaridades, entreguismo y abusos al extremo, los cuales darían para innumerables artículos periodísticos respecto a ello, el país sufrió una parálisis que va mucho más allá del ámbito energético. Las consecuencias son hoy evidentes al tener Pemex poquísimo margen de maniobra, pretexto perfecto para el coro de quienes están a favor de la privatización, aunque sea disfrazada.

Hoy se pretende reconducir al sector con una visión nacionalista y de Estado; de responsabilidad y transparencia en su manejo. Pero, paradójicamente, las empresas calificadoras internacionales alzan la voz demasiado tarde. n