¿Y la Cuarta, en Acapulco?

Escrito por  Raúl Sendic García Estrada Mar 22, 2019

A punto de cumplirse seis meses de que inició la administración de Adela Román Ocampo en la presidencia municipal de Acapulco, es buena oportunidad para analizar cómo va y en qué consiste la llamada Cuarta Transformación que impulsa el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, en lo que se refiere al municipio de Acapulco.

Lo primero que salta a la vista es el lugar común: el municipio enfrenta una severa crisis económica a la que abonaron no sólo la administración que le antecedió, sino varias otras anteriores.

Pero más allá de este descalabro, es necesario apuntar que el gobierno municipal de Adela Román ha ido poco a poco distanciándose de los gobiernos que la han antecedido y han empezado a ocurrir cosas que antes eran impensables, a pesar de la evidente falta de recursos económicos.

Decisión, sería la palabra clave. Tal vez una terquedad para mantenerse en una vía a pesar de las dificultades que eso implica.

Adela Román comenzó su gobierno en medio de una crisis sanitaria por la acumulación de basura, y de inmediato inició una operación titánica en la que de acuerdo con los datos públicos tuvieron que participar empresas privadas que se solidarizaron con el nuevo gobierno. En pocos días, la nueva administración logró controlar el problema y seguir adelante.

La situación financiera amenazaba con hacer colapsar al municipio, pues tenía pendiente una deuda de 500 millones de pesos en Capama, otra deuda multimillonaria con el Issspeg, un adeudo de más de 230 millones a Hacienda y laudos laborales incuantificables, que además habían sido ejecutoriados y amenazaban con la destitución a todo el Cabildo.

Pero el gobierno entró en una fase de austeridad que no solo le permitió evitar colapsarse, sino que hizo que pudiera ir pagando cantidades estratosféricas, a la Comisión Federal de Electricidad, por ejemplo; que abonara al Issspeg para que los trabajadores municipales pudieran tener sus derechos a salvo; y al Infonavit, lo que le permitió que esos trabajadores también pudieran volver a disponer del crédito para la adquisición de vivienda.

El solo hecho de que estos pagos pudieran hacerse ya es un asunto significativo, que da una muestra de que el gobierno municipal está trabajando de veras.

Pero no solo se quedó ahí el gobierno de Adela Román. Abrió otros frentes de batalla hasta ahora inéditos. Por ejemplo, empezó una batida contra bares que operaban sin cumplir la normatividad. Al menos 90 por ciento de ellos solo contaban con un permiso provisional, y mantenían un funcionamiento prácticamente hasta el día siguiente, sin aportar ni un peso en impuestos al Ayuntamiento. Esta batida le valió enemistades a la presidenta municipal.

Otra batalla importante fue contra la ocupación de espacios públicos, como las banquetas del parque Papagayo, el retiro de casetas abandonadas para la venta de productos comestibles, entre otros.

En ese mismo contexto entra el esfuerzo por controlar los centros de carburación de gas LP, que ha llegado al desmantelamiento de algunos de ellos que están en la zona urbana, por el grado de peligro que representan. Este caso ha replanteado el tema de la protección civil y también, de alguna manera, el de la permisividad laxa de las autoridades hasta ahora.

El rescate de la playa Manzanillo es un gran logro del gobierno municipal. Como se sabe, el proyecto de rescate del Paseo del Pescador, iniciado por el gobierno estatal, concluía precisamente en esa playa, que ha sido utilizada durante más de 20 años como astillero y que representaba ya un serio problema de seguridad en la zona del Acapulco tradicional.

Correspondió al gobierno de Adela Román sacar la casta para limpiar también esa playa y sumarla al proyecto del Paseo del Pescador. La alianza entre las tres instancias de gobierno, que ha sido ampliamente trabajada en este año, dio el resultado de que ahora hay una nueva playa, y el área se ha recuperado en beneficio de todos los acapulqueños.

Al final de cuentas, la suma va dando un resultado impresionante: con los espacios públicos recuperados, con la iluminación (12 mil luminarias rehabilitadas), con la policía municipal coordinada con sus pares estatales y federales, con la Sedena y la Marina, la consecuencia es que el índice de asesinatos ha disminuido de manera sensible en relación con los meses previos.

Han pasado casi seis meses y los recursos de que podría disponer el gobierno municipal todavía no llegan, porque ni siquiera ha podido ser aprobado el presupuesto por el Cabildo. Sin embargo, hay una transformación paulatina que se está dejando ver, que empieza, que camina. n