La SCJN y sus orígenes

Escrito por  Eduardo López Betancourt Abr 19, 2019

Otro organismo verdaderamente absurdo del Poder Judicial de la Federación es el Tribunal Electoral, que tiene una sala superior y decenas de salas regionales, donde también sus integrantes se sirven, en materia de salarios, insisto, “con la cuchara grande”, y cuyo servicio sólo es durante unos cuantos meses en tanto dura el proceso electoral; los demás años sólo reciben sueldos sin trabajar.

Se reclama con urgencia un cambio: los senadores deben analizar con seriedad, para crear un órgano que funcione sólo en elecciones y se disminuya la alta nómina del Poder Judicial de la Federación que, como tiene exceso de presupuesto, lo destina a crear fideicomisos y no se diga a atender temas que no son de su incumbencia, como los de carácter docente y de promoción; ahí están las absurdas pero siempre onerosas Casas de la Cultura.

El amparo, una figura señera de nuestro derecho, se ha convertido en un instrumento exclusivo para beneficio de poderosos. Si hablamos de la materia penal, se usa para favorecer a delincuentes; un rico obtiene fácilmente el amparo y de igual manera el malhechor, a cambio de generosas dádivas.

La irracionalidad que genera la expansión desmedida de tribunales se observa en que entre los mismos jueces y magistrados no se ponen de acuerdo; tan permanentemente dictan resoluciones encontradas que han llegado al extremo de crear una oficina de contradicción de tesis.

Ante este panorama, el adelgazamiento y más aun la eficacia de los juzgados federales resulta urgente e indispensable, algo que no admite mayor retraso.

La corrupción, quiérase o no, se ha apoderado del Poder Judicial de la Federación. Los concursos y la carrera judicial son una pantomima. Para ser juez federal se deben practicar exámenes, pero más importante que estudiar para aprobarlos es tener el dinero y los contactos para comprarlos, pues su venta se hace sin mayor recato.

Para los grandes males necesitamos grandes y muy drásticas soluciones. De lo contrario, el oprobioso latrocinio seguirá a todo su esplendor por quienes han tenido el cinismo de protestar por conservar sus elevados y antipatrióticos salarios.

Los abogados de postín, cuando desapareció la Corte en 1994, no protestaron, y no lo hicieron porque se beneficiaron del cambio. Precisamente de esos abogados salió la mayoría de los ministros de la llamada “nueva corte”, de una auténtica y descarada relación mercantilista entre ministros y bufetes de abogados sinvergüenzas. Inclusive, varios ministros y sin duda ahora magistrados y jueces son parte de esos bufetes, tal como ya lo señalamos anteriormente.

Ahora, ese gremio se opone a la transformación, a lo que es la desaparición indispensable, urgente, del perverso y cada vez más negativo Consejo de la Judicatura Federal, donde el contubernio, el descarado manejo de plazas, la extorsión y la ineptitud se hacen más evidentes.

Si se quiere acabar con las lacras, es indispensable acabar con la enfermedad y combatir la corrupción. Esto debe hacerse en el máximo tribunal del país; por ello está plenamente justificada la creación de las salas Anticorrupción y Administrativa.

Lo anterior lo subrayo. A mi parecer, es en la Corte, en el tribunal superior del país, donde deben ventilarse los temas de anticorrupción. Lo correcto sería nominarle “Sala de asuntos relacionados con corrupción”; técnicamente es una denominación más adecuada.

De igual manera, respaldamos la desaparición de ese perverso, corrupto y sucio órgano llamado Consejo de la Judicatura Federal. Es una acción prioritaria; su carácter nocivo se observa en que inclusive extorsiona hasta a los propios jueces y magistrados. Sus integrantes, especialmente los que vienen de los otros dos poderes, carecen de calificación y nivel. Han creado un sistema burocrático atroz sumamente costoso, ineficaz y corrupto. Su presupuesto y salarios alcanzan dimensiones ofensivas.

Sin duda alguna, con los matices necesarios, apoyo de manera absoluta las dos iniciativas del senador Ricardo Monreal Ávila, quien una vez más muestra su sentido patriótico, su compromiso con los intereses de la sociedad y su vocación de servicio al pueblo.

Las propuestas deben pasar con las peculiaridades requeridas, pero sin perder su sentido. n