¿Abrazando al enemigo?

Escrito por  Ginés Sánchez Abr 23, 2019

Una frase del dramaturgo inglés William Shakespeare quedaría como anillo al dedo para el presente artículo: “hay puñales en las sonrisas de los hombres: cuanto más cercanos, son más sangrientos”.

Y es que el abucheo de hace unas semanas, en la inauguración del estadio de beisbol de un potentado, perfectamente premeditado y ensayado (consta en videos) por las élites político-empresariales derrotadas el 1 de julio de 2018, es sólo una pequeña muestra de que la luna de miel del Presidente con el puñado de magnates dueños de este país se basa sólo en dos cosas: hipocresía y conveniencia.

Sabido es que el dinero no tiene patria. Bien, muchos potentados del sector privado mexicano no sólo carecen de patria, sino también de madre, y son capaces de cualquier atrocidad con tal de recuperar los privilegios que han perdido al sólo comienzo de la 4-T.

Uno de los pilares de la cuarta transformación de la vida pública en México debe ser la eliminación del innegable, informal, pero existente, fuero de los amos del dinero.

Esta semana el semanario Proceso publica un detallado reportaje acerca de la grotesca cantidad de impuestos condonados por los tres últimos presidentes a un puñado de grandes barones empresariales. El fuero eclesiástico, combatido en tiempos de la Reforma en el siglo 19, no le pide absolutamente nada al fuero del que virtualmente gozan los 20 millonarios dueños de un país: México.

Si Andrés Manuel López Obrador continúa confiando demasiado en ellos y sus falsas sonrisas y muestras de apoyo, y máxime con la idea en mente de “perdón, olvido y borrón y cuenta nueva” con los anteriores servidores públicos creadores de esos monstruos –por tanto, cómplices de la ruinosa situación en que López Obrador hereda el país–, terminará pagándolo muy caro.

Muchos tememos que la imagen de Madero, uno de los tres personajes históricos en los que se basa su ideario, termine por ser la que se imponga, pero no por sus ideales democráticos, sino por su ingenuidad, de confiar hasta extremos ingenuos en sus enemigos, que, sí o sí, lo que quieren es su fracaso, verlo en la lona, así a millones de mexicanos nos lleve el carajo también.

La foto de José Antonio Meade, el funcionario federal más tóxico en muchas décadas, con su sonrisa burlona en un lugar de privilegio en el famoso nuevo estadio de beisbol propiedad del joven magnate Alfredo Harp Helú, es una afrenta a la investidura presidencial.

Andrés Manuel López Obrador se enfrenta a una disyuntiva: o pone castigos ejemplares y elimina paulatinamente el ya mencionado e ignominioso fuero empresarial, olvidándose de su “borrón y cuenta nueva” o se olvida de su cuarta transformación, así de sencillo.

La mafia del poder está agazapada esperando (o tramando) que el Presidente no sólo tropiece, sino que caiga, y eso quedó de manifiesto en el acto del ya citado nuevo estadio de los Diablos Rojos del México. n