Producto turístico

Escrito por  José de la Paz Pérez Abr 29, 2019

En la escuela nos enseñaron, hace ya varias décadas, que para conformar un producto turístico bastaba que se conjugaran tres componentes: un atractivo (natural, artificial, cultural…), comunicación (carreteras, aeropuertos…) y facilidades (hotelería, restaurantes…), con lo que ya se podía competir en los ámbitos local e internacional.

Acapulco irrumpió con fuerza en la escena turística allá por los años 60 del siglo pasado con una enorme ventaja sobre otros destinos nacionales e incluso internacionales: el tibio mar, las increíbles playas y su clima, resultaban en un cúmulo de atractivos que difícilmente conjugaban otras ciudades; la carretera México-Acapulco, su aeropuerto y su puerto marítimo, le daban amplia gama de acceso y, los grandes hoteles, su gastronomía y su vida nocturna, completaban el inmejorable escenario.

Como bien se dice en el ambiente, los turistas llegaban sin necesidad de publicidad oficial; los operadores turísticos vendían como pan caliente los viajes que se efectuaban con cualquier pretexto, que iba desde el merecido descanso hasta la luna de miel soñada entonces por cualquier pareja de recién casados.

Los tiempos han cambiado en todos los ámbitos y el turismo no podría ser la excepción.

Nuevos lugares ingresaron a la competencia turísticas y el abanico de posibilidades está demasiado abierto; ya no es sólo sol y playa lo que busca la gente, también hay cultura, medio ambiente, religión y mil pretextos más para viajar.

Aparte de que la oferta en materia de atractivos se ha diversificado, la trilogía (atractivos, comunicación y facilidades) ya no son suficientes para competir ni siquiera en lo local, y la situación se pone más difícil cuando se pretende hacer en lo internacional.

Ahora viajeros observan más allá antes de decidir; temas como el de la seguridad –o inseguridad, como se quiera ver- o el buen servicio y el binomio precio-calidad, pueden llegar a determinar aún más que el propio atractivo, el cual antes fue suficiente razón para hacerlo.

Sólo recordemos las “recomendaciones” del gobierno de Estados Unidos a sus ciudadanos de no viajar a México, y en concreto a estados como Guerrero, debido a los altos índices de criminalidad imperantes.

Lo anterior supone que, ahora más que nunca, las autoridades, empresarios y la población porteña –en este caso- tienen que poner todo lo que esté de su parte –unidos o cada quien por su lado- para aportar su esfuerzo en la búsqueda de una excelente estancia de los paseantes; sí, todos le tenemos que entrar porque todos nos beneficiamos directa o indirectamente de esta actividad económica.

Los empresarios, ofreciendo sus servicios en óptima calidad: transportación, hotelería, transporte, alimentación; el gobierno, garantizando seguridad y vigilar, por ejemplo, que no se abuse en los precios o en la calidad de los servicios prestados y, los prestadores de servicios que tienen contacto directo con el visitante, ofreciendo su mejor rostro y mejor trato; todos vamos en el mismo barco.

Sin embargo, a veces parece que la actividad turística es vista con indiferencia por quienes deberían protegerla, cuidarla y fomentarla; tal parece que no es la actividad que mantiene a Acapulco y a parte del estado de Guerrero.

Por un lado, gobiernos no invierten en material humano profesional que se encargue de tan delicada tarea; por otro lado, dilapidan los recursos de promoción en viajes, de los cuales regresan sin ninguna propuesta, o crean burocracia para dar empleos por compromiso pero no para que den resultados.

Este descuido nos ha costado mucho. Para nadie es un secreto que turistas internacionales han dejado Acapulco para ir en pos de lugares que ofrecen calidad y calidez en el servicio, lugares limpios, sustentables, excelentes precios y sobre todo seguridad.

La presidenta de Acapulco, Adela Román Ocampo, ha dicho de manera reiterada que desea rescatar aquel puerto que se fue; que trabaja para volverlo a colocar en la escena internacional como principal competidor entre viajeros jóvenes y no como un recuerdo de los abuelos.

Pero esto no se logrará improvisando, con un secretario municipal de Turismo que habla mucho y hace poco, en parte, por el insuficiente presupuesto con el que cuenta y que está por debajo de otras áreas no tan importantes como la que nos ocupa.

Esto tampoco se logrará con un regidor presidente de la Comisión de Turismo ocurrente, que difunde en las redes fotos botaneando en su oficina o que, cuando reporteros de la fuente lo buscan para preguntarle sobre las acciones impulsadas desde el Cabildo, se esconde.

Y desde luego, no se logrará con un secretario de Turismo estatal que se ocupa más de sus negocios familiares que de la proyección de Acapulco y los demás destinos, no sólo del Triángulo del Sol, sino de la variada oferta que tiene Guerrero y que, al parecer, desde el “Jet set” en el que se desenvuelve no alcanza a vislumbrar. n