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Marcha fifí

Escrito por  Ginés Sánchez May 14, 2019

La marcha fifí del pasado domingo 5 de mayo nació muerta, fue un rotundo fracaso y no el domingo mismo, como es del dominio público, sino desde el lunes anterior, en que la vocería del movimiento social francés opositor conocido mundialmente como Los chalecos amarillos deslegitimó, desde París, su sede, a la réplica mexicana como un vil plagio, un embuste; sin más, la calificó públicamente de espuria, por “representar otros intereses, diametralmente opuestos” a los que encarnan los siempre vanguardistas franceses, del progresismo mundial.

De ahí el cambio de denominación al simple Chalecos México, y no es poca cosa tal exhibición internacional, así se haya tratado de minimizar o esconder aquí en México, ya que dicho movimiento combativo sí tiene filiales en otros países, pero no con motivaciones oscuras, perversas, oportunistas y destinadas al fracaso como se pretendió de manera frustrada en México. Es absurdo que una oposición al primer gobierno de la cuarta transformación, por más extraviada que esté, pretenda convertirse en una piedra en el zapato para el lopezobradorismo desde la calle y la plaza pública, que es en donde justo nació y se ha ido gestando y mantiene una base social con una altísima dosis de compromiso y lealtad, el Movimiento de Regeneración Nacional, por ya décadas.

La oposición además de estar reducida a su mínima expresión, carece de rumbo y brújula, a cual más personaje quiere, un día sí y otro también, erigirse como el líder que los aglutine, y tal es el tamaño del fiasco que sus únicos liderazgos visibles (otro caso del clásico surrealismo mexicano) son los dos expresidentes panistas. Sí, los dos mandatarios que son el origen de la gran mayoría de los males que hoy nos atormentan y que dificultan su arranque a la nueva administración; en la realidad pues, y ya a ojos del pueblo mexicano que ha despertado, son los que encabezan la oposición.

Así entonces es que se explica el porqué los desesperados peones de dichos opositores lleguen ya al paroxismo de, sin pudor, difundir noticias falsas por medio de sus cuentas de redes sociales, como lo hizo el escritor Francisco Martín Moreno, con la mentira burda, vía un meme, de que en Dinamarca “los beneficiarios de programas sociales del gobierno les es prohibido votar”.

Uno de los errores de los tres últimos gobiernos federales (2000-2018) fue y sigue siendo, ahora como oposición fallida, el pretender tomar al ciudadano mexicano por imbécil. Si continúan así, no harán más que fortalecer al gobierno más popular en las últimas décadas en nuestro país. El peso de esos opositores que aún no se ven siquiera, se lo tendrían que ganar desde las instituciones, o bien, desde la plaza pública, pero con la mínima legitimidad y base social real, con personajes con credibilidad que los acaudillen, no de formas tan lastimosas como las que vimos en la fracasada marcha del pasado domingo, y resultando sus acciones tan obvias como la “casual” coincidencia de que el mismo día de la marcha, el matrimonio Calderón Zavala hacía llamados a sumarse a su proyecto de partido político México Libre, que dicho sea de paso, hasta el logo tiene como espurio, plagiado de una fundación en Argentina. Los Calderón Zavala ya deberían haberse dado cuenta que no tienen el apoyo popular, que si llegaron a la Presidencia fue por la vía, fundamentalmente, del fraude, la calumnia y el miedo.

La situación de la oposición es tan patética que el único liderazgo que es viable la encabece, está hacia dentro del lastimadísimo PRI, que incluso sus colores está en riesgo de perder, que (cuando menos) ya se ha empezado a intentar desmarcar del proyecto neoliberal de Nación panista, y estaría entre un puñado de personajes que ya se perfilan para dirigir dicho instituto político y tratar de que retome su rumbo, como lo pueden ser Alejandro Moreno (gobernador de Campeche), el doctor Narro Robles (ex rector de la UNAM) y la ex gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega Pacheco. n