Los caminos del PRI

Escrito por  Ginés Sánchez Jul 23, 2019

Noticias fueron dos: una acerca de que el doctor José Narro Robles, ex rector, ni más ni menos, de nuestra máxima casa de estudios y la universidad número 1 en Latinoamérica, la UNAM, alma mater también del actual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, respecto a su decisión de dejar sus actividades académicas para competir a tomar las riendas de su instituto político: el partido tricolor; a su vez, no muchas semanas después, renunciaba, pero esta vez al citado partido politico.

Mensajes cifrados hay no pocos con esta decisión. Uno es la rebatinga en pos de su dirección, la cual parece haberse ya decantado en favor de Alejandro Moreno Cárdenas, gobernador con licencia de Campeche, y el principal es que el PRI debe retomar su camino original, del que emanó con origen en una revolución verdadera y profunda, la primera de la pasada centuria en el mundo entero, pionera en reivindicaciones sociales de suprema importancia en cuanto a su legado.

No es casualidad que se haya mencionado, por algunos militantes, la sugerencia de expulsar del PRI al ex presidente Enrique Peña Nieto, pues con él, desde la alianza que pacta con el entonces candidato Felipe Calderón en 2006, transfiriéndole cosa de medio millón de votos, como gobernador del estado de México, a partir de ahí se llega al límite de una alianza grosera y antinatura, que si bien comenzó con Salinas, no fue sino con Vicente Fox cuando empezó a torcer el rumbo del tricolor hasta llegar a extraviarlo casi por completo, llegando al paroxismo de postular a un panista (José Antonio Meade) a la Presidencia de la República.

Muchas voces hacia dentro del partido lo advertían: se debía regresar a los orígenes, y en cierta y muy tímida forma se intentó; pero no: el amasiato entre el Partido Revolucionario y su antítesis original, el reaccionario a la misma Revolución mexicana, el PAN, estaba más que sellado, con todos los estragos que eso supuso para el país, entre ellos el principal: la pérdida de una paz social de casi 80 años, por la proverbial incapacidad de gobernar de Acción Nacional, un partido compuesto principalmente por empresarios y carente de estadistas, que gobiernan gerencialmente, como si el arte de gobernar se asemejara a administrar una tienda de abarrotes.

El PRIAN de los últimos 18 años traicionó a México; baste sólo con ver los millones de hectáreas entregadas a mineras extranjeras o el intencional desmantelamiento del sector energético en favor de empresas trasnacionales también del exterior, por sólo mencionar dos casos.

El PRI tiene no sólo “un ala” de izquierda, sino que lo es de esencia, y nacionalista; por eso, y a pesar de que Morena y López Obrador se le adelantaron en los afanes de recuperar todas esas banderas, principalmente la del nacionalismo revolucionario, que tanta dignidad y resultados dieron a México durante tantos años, debe corregir el rumbo, como de hecho ya lo ha comenzado a hacer, siendo una oposición responsable en el Congreso y votando las iniciativas que a la nación convienen. En cuanto al tema de la corrupción, tampoco es poca cosa su tarea pendiente; es titánico, pues, el reto de la próxima dirigencia del tricolor. Pero que no se equivoquen los agoreros de la desaparición de multicitado partido, que tiene hondas raíces en la psique del mexicano, y ese es precisamente uno de los mensajes que tiene que transmitir para lograr sobrevivir a esta crisis sin parangón en la que está sumido.

El haber postulado a un panista a la Presidencia de la República ha sido una de las peores decisiones en su historia (si no es que la peor); y eso, los liderazgos locales y sus bases se lo cobraron y muy caro, al dejar al otrora partido revolucionario no lejos de su desaparición.

El mejor ejemplo de que el PAN no tiene ni la menor idea de la tarea sagrada que supone el gobernar es Javier Corral, supuesto gobernador de Chihuahua, que ya sintió las clásicas ñáñaras de todo panista al llegar a un cargo ejecutivo, y ha dedicado su valioso tiempo a actividades como “caravanas”, jugar golf y a encabezar un ridículo grupo que pretende ser “la oposición” al actual gobierno federal, a la par de los dos impresentables presidentes blanquiazules, que no hacen más que sugerir qué es lo que el actual presidente debiera hacer, y que ellos ya lo hicieron todo, pero mal.

El PAN ha causado demasiado daño a este país a partir de que dejó de ser una simple oposición testimonial y empezó a ser gobierno; dos fragmentos de poemas del gran Efraín Huerta lo podrían ejemplificar:

  1. El ciudadano mexicano quedó “vencido por el pavor del día y la miseria de la noche”, y...
  2. “Marchar hacia la condenación y el martirio, atravesado por las espinas de la patria perdida”.

Eso ha representado el PAN, lo mismo sus fracturas que, por ejemplo, los ya citados ex presidentes, ingenuamente (“ternuritas”) se pretenden erigir como, incluso, algun nuevo partido político opositor, así como su alianza llevada al límite con el PRI en los primeros 18 años del presente siglo, coronado todo con el fraude electoral de 2006 y su consecuente guerra criminal y suicida contra el narco; que si “la vocación democrática del PAN”, esgrimirán algunos; yo sólo puntualizo en el hecho incuestionable de que fue precisamente el PRI el que en dos ocasiones permitió los avances más sustanciales en cuanto a nuestra innecesariamente accidentada y tortuosa transición democrática, bajo la égida de Ernesto Zedillo y Enrique Peña Nieto. n