El muro a la inversa

Escrito por  Ginés Sánchez Ago 22, 2017

El tan cacareado muro de Trump debe construirse, sí, pero debemos hacerlo nosotros, los mexicanos; la colocación de un muro cultural y moral en la frontera norte es impostergable, y baste mencionar sólo unos motivos por los que valdría la pena hacerlo:

–Las empresas trasnacionales y su inversión extranjera no existen como un elemento de solidaridad entre los pueblos y el planeta mismo; ellas sólo salen de sus fronteras para maximizar ganancias, a costa de lo que sea (medio ambiente incluido), lo cual se traduce en un saqueo brutal de recursos, a veces a cambio sólo de migajas. Aprovechan las llamadas “ventajas competitivas”, y una de las que tenemos en México es la mano de obra poco calificada y barata (maquila).

–Los aspectos más negativos de su cultura, como, por ejemplo, festivales de música electrónica que están completamente ligados al consumo de drogas sintéticas, y que derivan, gracias también a las absurdas políticas prohibicionistas dictadas también por ellos, en hechos como el de Playa del Carmen en meses pasados.

–El creciente flujo de armas que allá se venden en cada esquina, como golosinas, y que tienen a México sumido en la violencia por la porosidad de la frontera.

–La imitación de conductas, como, por ejemplo, las matanzas en las escuelas, cosa muy común y casi cotidiana en aquel país, y que, también hace unos meses, ya tuvo aquí su primera réplica en Monterrey.

–El consumo de productos importados, que ha llevado a lo nacional casi al olvido, con la desgracia de una ausencia total de política industrial e inversión en ciencia y tecnología.

–El flujo constante de dinero por la frontera, producto de la bestial adicción a las drogas de aquel país. Sólo hay que ver la situación de Guerrero y toda la región de la Tierra Caliente, donde abundan las fosas clandestinas y el horror producto de una guerra dantesca, sólo porque hay una moda de consumo de heroína en las ciudades norteamericanas. Mismo dinero que corrompe, lo mismo a políticos que a policías, empresarios, y a la gente de a pie. Cabe el lugar común de “nosotros ponemos a los muertos; ellos, el dinero y las armas”.

–La introducción de comportamientos consumistas; el consumismo como un valor supremo, y dejar de lado todo lo demás.

Los puntos anteriormente descritos de manera muy breve y otros más bastarían para darnos cuenta de que debemos parar la alocada integración (o acaso absorción) de México por Estados Unidos. Más de una década de violencia y muerte en nuestro país no es algo justo si se trata de un problema (las adicciones) que es de ellos, y no nuestro, y que tenemos decenas de lastres por combatir nosotros antes que ese.

Ojalá que las repetidas humillaciones públicas a nuestro país por el líder del vecino norteño nos hagan reflexionar y caer en la cuenta de que en mucho debemos cambiar; ellos no son el modelo a seguir ciegamente, aunque sean el país más rico del mundo, y la globalización tiene muchas fallas.

Lo paradójico es que los países que la han auspiciado e impulsado (Estados Unidos y Reino Unido) se estén dando cuenta antes que los demás, y ya estén tomando medidas al respecto, yendo incluso en el camino del aquí en México tan vituperado modelo de la sustitución de importaciones.

La descomposición creciente en México es, en buena medida, consecuencia de tener al libre mercado y al dinero como a un dios, que no nos quepa ninguna duda.