Los mineros, en el avance histórico del país

Escrito por  Napoleón Gómez Urrutia Ago 23, 2019

Es difícil imaginar las condiciones y naturaleza de la primera huelga registrada en la historia de las relaciones de la producción no sólo de México, sino de América Latina. Ocurrió el 15 de agosto de 1766 en la época de la dictadura y la opresión colonial. Un valiente grupo de trabajadores mineros tomaron la decisión de suspender labores y protestar contra la injusticia en el actual estado de Hidalgo en las minas de Real del Monte, propiedad de Pedro Romero de Terreros, el primer conde de Regla.

Las pésimas condiciones de trabajo que prevalecían, la inseguridad, la insalubridad y la falta de higiene, así como los bajos salarios y las interminables jornadas de trabajo (en algunos casos de 18 horas al día), más el rechazo al reclutamiento o leva forzosa para integrar o reponer a los miembros caídos de las fuerzas militares y represoras del colonialismo español, determinaron el levantamiento de los mineros de esa población.

Los trabajadores fueron fuertemente reprimidos por el entonces alcalde mayor de Pachuca Ramón de la Coca, quien se puso del lado de Romero de Terreros, y al poco tiempo de esa equivocada y parcial decisión fue asesinado.

Este movimiento de huelga, apoyado en demandas de lo que hoy denominamos justicia, democracia y bienestar económico, es el primer antecedente de un conflicto de lucha de clases no sólo en México, sino en toda América Latina. Incluso fue la primera vez que se demandaron la jornada laboral de ocho horas, la prohibición del trabajo infantil y la no discriminación en el pago y la calidad del empleo. Fueron los mineros los primeros que se enfrentaron al sistema discriminatorio de castas, vigente en la Nueva España desde la conquista de los pueblos mesoamericanos.

Ayer como hoy, el lema fue “a trabajo igual, salario igual”. Los valientes mineros del Real fueron con su lucha los precursores de la famosa huelga de Cananea del primero de junio de 1906, exactamente 140 años después, en las postrimerías del gobierno de Porfirio Díaz y casi al inicio de la Revolución Mexicana, considerada la primera del siglo XX en el mundo.

Por eso, el 15 de agosto pasado acudimos al monumento levantado a este hecho histórico en Real del Monte, donde después se realizó una marcha por el pueblo y el homenaje a mi padre Don Napoleón Gómez Sada, que también tiene un pedestal y busto en el centro de esa histórica y heroica población.

Al día siguiente de esta celebración, el viernes 16 de agosto, se organizó un convivio en la famosa hacienda de Xala, construida en el siglo XVI, ubicada en el municipio de Otumba, estado de México, lugar que es patrimonio del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana para beneficio de sus miembros, sus familias y los visitantes que quieran disfrutar de las instalaciones de este centro social.

Esta reunión se celebra cada año por acuerdo de la Convención Nacional, que es el órgano máximo de gobierno de esta fuerte y orgullosa organización obrera, la cual me honro en presidir.

Se reunieron más de dos mil compañeros trabajadores del país, senadores de la República y diputados federales, funcionarios de gobiernos estatales y federal, así como directivos y gerentes de muchas empresas de este importante sector de la actividad industrial nacional.

Este acto de celebración fue organizado por los trabajadores que integran el sistema minero nacional.

Esta tradición permite convivir en este magnífico escenario con alimentos preparados allí mismo con la colaboración y esfuerzo de todos los dirigentes locales y generales que apoyaron en todo momento el esfuerzo para asegurar que todos los asistentes lo disfrutaran enormemente.

Estos eventos permiten la convivencia de los trabajadores en un ambiente privado para relajarse, al menos un día, de lo difícil y complicada que es la actividad minera, una de las de más alto riesgo en el mundo. Pues no es lo mismo laborar en la superficie de la tierra que en las minas a más de 800 o mil metros de profundidad, o al lado de los hornos metalúrgicos y siderúrgicos con temperaturas que alcanzan más de mil 400 grados centígrados. También estas reuniones son para refrendar la unidad, la lealtad y solidaridad laboral en esta industria.

Hoy, la clase trabajadora y México en su conjunto, enfrentan grandes retos, entre los que se encuentran obtener mejorías reales de los salarios, las pensiones y jubilaciones con dignidad, conservar las fuentes de trabajo y los empleos, acabar con la desigualdad, la represión, la corrupción y la impunidad. Los cambios nacionales permitirán avanzar en la dirección correcta hacia un mundo de mayor democracia, justicia, respeto y dignidad. Hay que dejar atrás los comentarios mezquinos de ignorantes y de otros que actúan de mala fe para desprestigiar la lucha democrática sindical por la justicia y la libertad laboral. n