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La Amazonía

Escrito por  Ginés Sánchez Ago 27, 2019

Lo inaudito, para el año 2070, en un escenario pesimista, los científicos situaban una circunstancia como la vista este año en Groenlandia: el comienzo de su proceso apocalíptico de derretimiento, con todo y los desatres que esto traerá consigo. La selva amazónica lleva más de 10 días incendiándose, el pulmón más importante del planeta, sí, y los medios tradicionales ni siquiera hacen mención, como si hicieron gran eco y alharaca con el incendio de un vejestorio por completo inútil a la humanidad y con mucha más razón al planeta, como es la catedral de Notre Dame en París.

Año con año el planeta va hacia una situación dantesca, pero vuelvo a los medios masivos de comuncacion, que no son más que un reflejo de la imbecilidad montruosa del ser humano: su tema principal, día con día y desde hace mese, no es otro más que si los bancos centrales de los países bajan o no medio punto porcentual en su tasa de interés. El planeta Tierra es un organismo vivo, sin duda, enfermo de una suerte de virus o cáncer muy agresivo: los humanos, que por más tratamientos, basados en terremotos, huracanes, enfermedades y guerras no son más que paliativos, como una aspirina para el mal que lo carcome a una velocidad de espanto.

El planeta Tierra, ese diminuto punto azul en medio de la inmensidad, está muy enfermo, sí, pero hay una buena para él: la resiliencia que posee es muy fuerte, aunque comparado con la fugaz y mísera vida de los microorganismos nocivos llamados seres humanos, podría parecer larguísima, pero (para alivio del planeta) ha demostrado haber podido sobreponerse incluso a un enorme meteoro, caído en una era ya muy lejana, y que terminó en ese momento con gran parte de la vida que albergaba en aquellos tiempos.

La ya nueva llamada era antropoceno en este planeta dejará huellas de larguísima data en el mismo, así los Estados y sus gobiernos tomasen acciones drásticas y radicales para, ya no digamos revertir, sino detener o desacelerar los perjuicios criminales al mismo y a sus ecosistemas, mismos que guardarían un orden y un equilibrio que sólo es capaz de romper esta especie, el Homo sapiens, el que afirma, entre otras muchas, la estupidez de estar “hecho a imagen y semejanza de Dios”.

Y vuelvo al tema de la resiliencia: eso es extraordinario, a la postre para el planeta, pero (así como ocurrió con el meteorito que cayó en la hoy península de Yucatán), es muy posible que la mayoría de las especies hoy existentes, incluido el hombre, no puedan ver el renacer de esta esfera azul. Si tanta inteligencia ha tenido el ser humano para desarrollar su progreso egoísta y artero, ojalá que la tenga, y pronto, para emprender una serie de medidas que comiencen a solucionar el armagedón que ya comienza, aunque el que esto escribe tiene sus serias dudas; seguro los próximos meses el mundo entero (sí, así se autodenomina esta especie bípeda y estúpida) estará centrando su atención en cuestiones mucho más “importantes”, como la guerra comercial entre China y Estados Unidos, y en estar pendientes en ver qué smarthphone sale al mercado, para presto, hacer fila en alguna tienda distribuidora y pagarlo a cómodos 18 meses sin intereses; acto seguido, laxará su conciencia dando un like o retuit a algún mensaje frívolo e inútil, como “#PrayForAmazonia”. n