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Supremacismo y muerte

Escrito por  Raúl Sendic García Estrada Ago 30, 2019

Las matanzas que de continuo se dan en Estados Unidos, la mayor parte de ellas motivadas por el racismo, la xenofobia y el supremacismo blanco, han abierto de nuevo el debate sobre el control de armas y el castigo a los culpables, para evitar otros ataques terroristas que se pudieron realizar por el nacionalismo blanco que se ha referido a la invasión hispana en ese país.

La matanza en Texas es un caso de terrorismo en un país que siempre se encuentra en guerra en todo el orbe y cuyo uso de las armas es parte de su cultura. Más de veinte personas fueron asesinadas en este hecho, siete de ellas mexicanas; acto cometido por un racista de 21 años.

El Estado mexicano deberá de emprender acciones jurídicas para detener esta ola criminal contra la comunidad hispana. Es urgente detener la violencia contra los connacionales que viven en Estados Unidos, que se haga justicia y que se castigue a los responsables; el odio racial no puede seguir en una convivencia fronteriza, el supremacismo blanco está detrás de las matanzas, al igual que la de Ohio, en el cual el atacante disparó indiscriminadamente contra las personas que asistían a un bar, con un arma automática calibre .223.

En la matanza de El Paso se entiende que el atacante elaboró un manifiesto supremacista blanco que fue subido a Internet, cuya redacción gira sobre una invasión hispana en Texas y explica un plan para dividir a Estados Unidos en territorios, por razas. El atacante advirtió que personas extranjeras estaban tomando el lugar de la gente blanca. La redacción consta de 2 mil 300 palabras y se le atribuye a Patrick Crucius, de 21 años, nacido en Allen, quien viajó diez horas hasta el WalMart donde sucedió el tiroteo y se accionó un arma AK-47 calibre 7.62 x 39.

Estos hechos dan cuenta de hombres blancos enajenados y resentidos que utilizan el asesinato en masa para manifestar el odio a inmigrantes, a quienes ven como una amenaza para la raza blanca. El caso de El Paso al parecer está inspirado en el asesinato en masa de musulmanes sucedido en Nueva Zelanda en marzo, en el cual 51 personas perdieron la vida.

Los asesinatos que se cometen no son tiroteos; son crímenes directos, ataques terroristas domésticos, son crímenes en masa, cometidos con premeditación, alevosía y ventaja, asesinatos multitudinarios en un país donde se vive la cultura de la muerte, de la violencia, de las guerras que vienen desde las guerras mundiales, de Corea, de Vietnam y todos los conflictos bélicos en que han participado. Un país donde la cultura y la ley permite a los ciudadanos poseer, adquirir y trasladar casi cualquier tipo de armamento, amparados en enmiendas.

Los discursos de odio y de supremacismo blanco le permitieron a Donald Trump ganar las elecciones con el voto conservador de los estadunidenses que viven en zonas rurales o en pequeñas localidades. Como dato, es preciso resaltar que en la administración de Barak Obama acontecieron 32 tiroteos masivos.

Grupos nacionalistas blancos en Estados Unidos expresaron su solidaridad con Patrick Crucius, el hombre que asesinó a 22 personas, entre ellas a ocho mexicanos, en la matanza de El Paso, Texas, lo que hace más graves los acontecimientos y la cultura de la violencia y de la guerra.

El supremacismo blanco es una creencia racista que sostiene que las personas blancas son superiores en muchos aspectos a otras personas y por lo cual deben de dominar; a esta creencia se le relaciona con el odio, el racismo, la xenofobia y la esclavitud. El supremacismo blanco tiene sus raíces en el racismo científico y se identifica con el neonazismo.

El término supremacismo blanco se utiliza también para describir una ideología política que perpetúa y mantiene el dominio social, político, histórico, de los blancos. El supremacismo blanco tiene fundamentos ideológicos que se remontan al racismo científico del siglo XVII; en Estados Unidos tiene sus orígenes en la Guerra Civil y consideraba a las personas no blancas como privadas de sus derechos; se utilizaba el color de la piel para legitimar y crear diferencias, además de exclusión social, económica y política.

El nacionalismo blanco ha estado presente en los últimos años y fue definitivo en las elecciones presidenciales en Estados Unidos en 2016. n