¿Suma o cisma?

Escrito por  Ginés Sánchez Oct 01, 2019

El ex alcalde y presidente nacional del partido Movimiento Ciudadano (MC) Luis Walton Aburto ha decidido en días recientes renunciar al partido que en gran medida él ayudó a crecer, prácticamente de la nada, desde que a principios de la década pasada se le negó la candidatura del PRI a la presidencia municipal de Acapulco, y comenzó su aventura en el instituto político entonces denominado Convergencia.

Después de varios intentos infructuosos al hilo, en 2012, y gracias al apoyo en alianza del entonces aún muy fuerte Partido de la Revolución Democrática (PRD), logra su viejo anhelo de convertirse en alcalde de su terruño querido. Si bien heredó una situación poco deseable de la desastrosa administración anterior, su papel no fue para nada malo; pero en una decision no esperada por sus votantes, abandonó el cargo un año antes para contender por la gubernatura del estado, con la seguridad de un arreglo con el ya gobenador con licencia Ángel Aguirre Rivero, quien movía todos los hilos del sol azteca aún, de nominarlo como candidato (otra vez en alianza con MC) al tiempo de lanzar a su propio hijo (qepd) como candidato a presidente municipal.

Los planes no salieron como lo pensado, y al no aceptar sumar al partido MC a la alianza de las izquierdas, con la candidata Beatriz Mojica Morga como su abanderada, decidió irse solo con su partido, pero mediando un pacto con el hoy gobernador Astudillo, ya que la izquierda dividida en las boletas electorales le allanaba el triunfo al PRI en la gubernatura. Todo esto, claro, a cambio de algunas carteras en el gabinete estatal, de nuevo priísta.

En 2018, otra decisión (pésima) de cálculo político, que hizo el partido Movimiento Ciudadano, ir en alianza con la ultraderecha y todo lo que ésta representa (el Jefe Diego, Juan Collado, Meade, Fox y Calderón) con el PAN, para las elecciones federales, es decir con los enemigos de Andrés Manuel López Obrador, hoy presidente, Walton y su partido perdieron una oportunidad de oro: el partido porque, ante la negativa de López Obrador de aceptarlos como aliados, bien pudo lanzar un candidato propio a la Presidencia, que bien pudo ser el mismo Walton, y no poner asi posibles trabas a Andrés Manuel en su lucha de años por llegar a Palacio Nacional, o de no ser asi, el empresario pudo, en ese 2018 (y no hasta ahora), renunciar al partido naranja y sumarse a la campaña del hoy Presidente.

Ninguno de estos dos supuestos ocurrió; antes bien, no faltan las fotografías de Walton alzándole la mano o acompañando al trístemente célebre Ricky Riquín Canallín (Ricardo Anaya Cortés) en su malograda campaña presidencial. MC y su cúpula subestimaron al pueblo de México, y éste no lo olvida.

Hoy Luis Walton está ya en las filas de Morena, y qué bien; es una suma (sin duda) de un personaje valioso, pero por lo tardía de la misma, ha venido a sentirse como un balde de agua helada tanto en los liderazgos de la izquierda histórica en el estado como en las bases, por el hecho de, sin más, autodenominarse aspirante a gobernador “por las izquierdas”.

Sabida es su cercanía con el canciller Marcelo Ebrard y con otros encumbrados morenistas, pero cualquier intento de imposición de las cúpulas, cosa que por demás parece difícil que prospere si el método de elección de candidatos es basado en encuestas, podría provocar, si no un cisma en la izquierda guerrerense, sí ya el franco descontento y desconcierto que podemos constatar hoy.

En resumidas cuentas, considero que es bienvenido Walton en Morena, a sumar, pero comenzando desde donde corresponda, y sin intentos por brincarse las trancas. n