Evento frustrado e ilustrativo

Escrito por  Ginés Sánchez Oct 16, 2019

Felipe Calderón es un hombre apocado, mediocre, acomplejado, gris. Todo eso ya lo sabemos, y el que nunca hubiera ganado elección alguna, sino es por medio de las más abyectas artes, como lo hizo en el fatídico año 2006, también.

Pero veamos, el hecho de la conferencia magistral que estaba programada a que dictara en el Tec de Monterrey, y que se frustró por la presión social, liderada por la comunidad TEC, ejercida por todos los medios a su alcance, nos ilustra el completo fracaso y caos de su administración, y es que sencillamente, si un ex presidente no es capaz de realizar un cálculo político de lo que dicho acto representaba, y ya habiéndose decidido, no puede, por medio de su último secretario de Gobernación, que fue, hasta hace muy poco y por muchos años, ni más ni menos que el director del área académica en la escuela de gobierno y transformación pública del ya citado instituto de estudios superiores, mejor conocido como el Tecnológico de Monterrey, “planchar” u operar para que una simple conferencia en una universidad se pueda realizar, de la mejor forma posible, que podíamos esperar de este señor sentado en la silla presidencial, ¿nos puede sorprender ya que le haya dado la famosa patada al avispero de su guerra del narco sin una, ya no digamos estrategia, sino siquiera un mínimo diagnóstico?

Y lo que se ha venido después, un ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (entre otros fiascos) reafirmando que el señor Calderón, cuando fue presidente (ilegítimo) ejerció presiones al órgano máximo de un poder independiente, repitiendo el patrón de su fraude electoral en 2006, es decir, pisoteando los avances en el entramado institucional que suponían las graduales reformas comenzadas desde muchos años atrás, y aceleradas en el sexenio del doctor Ernesto Zedillo, con el fin último de insertar a México como un país con una democracia plena, sin adjetivos, parafraseando al historiador Enrique Krauze.

El señor Calderón no se cansa de escalar una pared escarpada, donde cada metro que logra subir, baja estrepitosamente y dando rebotes, golpeándose burdamente, otros tres. ¿Qué es lo que pretende?, el pueblo de México tiene más claro que nunca que muchos de los males que hoy la Nación padece tienen origen en su desastrosa gestión, caracterizada por una macabra mezcla de torpeza, maldad, ineptitud, soberbia, corrupción, entreguismo, muerte y mediocridad. Quizá lo mejor sería que su partido “México Libre” sí lograra su registro, porque no sucedería otra cosa que no fuera que el repudio popular a su persona se exhibiera de una forma exponencialmente más alta y cruda; si así tiene que ser, que así sea.

De todos modos, suceda lo que suceda, haga lo que haga, diga lo que diga, el juicio implacable de la historia le empieza ya a caer, lapidariamente, encima al siempre mal ponderado Felipe Calderón Hinojosa, ni más ni menos que el Victoriano Huerta del siglo 21. n