Reflexiones del caso Valle de Chalco

Escrito por  Ginés Sánchez Nov 04, 2019

Ante el lamentable atentado sufrido hace cosa de semana y media por el alcalde de Valle de Chalco, estado de México, Francisco Tenorio, muchos fuimos testigos de uno de los actos de aberración periodística más escandalosos que me ha tocado presenciar en muchos años.

En el noticiero de Joaquín López-Dóriga (Fórmula), este mismo anunció de manera morbosa e irresponsable su muerte fulminante; lo repitió cuantas veces pudo. Sus fuentes: unos vulgares audios de whatsapp provenientes de supuestos vecinos de donde ocurrieron los hechos criminales.

Pero acaso lo peor de todo no haya sido eso, sino su evidente y enfermizo gozo ante la falsa noticia, mismo placer que, sin ambages ni pudor, demuestra ante todo lo que sea (o parezca ser) una mala noticia para su propio país, México.

Increíble es poder entender cómo una empresa de medios como la referida, con tantas décadas de trabajo y prestigio, tolere estos sesgos, y más aun las citadas actitudes de festejar lo que suponen males para el país que es el de todos: México. Ya Joaquón López-Dóriga salió del noticiero estelar de Televisa por un mayúsculo escándalo de corrupción; ya El Teacher tiene décadas de desgaste, tanto de credibilidad como físico, por el inexorable paso del tiempo. No se entiende cómo, habiendo tantos comunicadores de calidad y comprometidos con la ética profesional, están sin un espacio relevante en los medios, y este señor, por completo ya impresentable, continúe con vigencia ante los telespectadores y radioescuchas, en un horario privilegiado.

López-Dóriga obvio que no es el único comunicador en alegrarse y desear los peores males posibles a México; la lista se extendería a un par de docenas, sin mayores problemas. Pero, en fin.

Otra arista de lo ocurrido ayer en Valle de Chalco es el modus operandi de los agresores criminales: sencillamente se acercaron a pedir unas selfies al alcalde en cuestion, para después llegar al límite de pedirle, a él y a su staff, un aventón, lo que fue aprovechado para consumar el crimen. Esto nos remite, sin remedio, al mismísimo presidente Andrés Manuel López Obrador, a se le acercan quizá cientos de personas por un saludo o una fotografia. Bien, así como el ardidísimo señor López-Dóriga hay muchos más personajes impresentables, acaso inmensamente más poderosos, que lo que más quisieran es ver a Andrés Manuel, sencillamente, muerto. ¿Qué les cuesta contratar a un psicópata, a un delincuente con poca inteligencia y que no tenga ya nada que perder, o a una persona desahuciada para intentar la misma felonía? La respuesta es: muy poco; si sucedió con el caso del presidente Kennedy.

Tristemente, este país esta lleno de mezquindad; somos una sociedad enferma; eso López Obrador lo sabe de sobra. Pero una cosa es su veta innegablemente maderista, y otra muy diferente es llevar esta misma característica hasta sus últimas y nefastas consecuencias, es decir la torpeza de no actuar con más firmeza y que las cosas acaben como acabaron con Madero y Pino Suárez, hechos que sólo acarrearon más de una decada de muerte, caos y convulsión social. Ojalá que el Presidente actúe ya en consecuencia a lo anteriormente referido y expuesto. n