El costo de la violencia

Escrito por  Raúl Sendic García Estrada Nov 07, 2019

La violencia criminal tiene altos costos sociales, humanos y económicos. Con un impacto social y económico sin precedentes, la violencia se ha convertido en un problema social y de salud pública, que ha crecido en las décadas recientes, e impactado de manera negativa el desarrollo social, la salud, la economía, a niveles macro y micro en países, ciudades, comunidades, familias e individuos.

Son cientos de miles de personas que han muerto asesinadas cada año. Calculan la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud que son unas 15 mil personas asesinadas cada año, en su mayoría hombres, víctimas la violencia intrafamiliar o de la violencia criminal. Las víctimas de actividades violentas criminales son adultos, adolescentes e incluso niños.

La violencia ha dejado de ser un asunto social para convertirse en una emergencia de salud pública e incluso en una crisis humanitaria que pareciera no detenerse, con circunstancias especiales, por lo cual se hace indispensable y urgente analizar este fenómeno, identificar sus causas, orígenes, factores de riesgo y la aplicación de intervenciones.

La violencia es un acto multifactorial, multicausal, que se debe de estudiar desde la historia, la sociología, la violencia de Estado y las acciones para evitarla, que van hacia la reconstrucción del llamado tejido social. Se debe de transformar el modelo de combatirla sólo con violencia, balas con balas; evitar la repetición de actos de barbarie, hacer un control de daños y apelar al desarrollo social y humano para prevenir su flagelo.

El fenómeno de la violencia es grave, pero debe de ser prevenible y evitable; produce una carga de mortalidad y orfandad sin precedentes; es necesaria la atención a las víctimas, a sus familias, al contexto social, en las partes económica, psicológica y humana, para evitar que siga afectando a comunidades, individuos y futuras generaciones.

La sociología tiene un fuerte compromiso con la prevención de la violencia, de estudiar los ambientes en que viven la infancia y la adolescencia, de investigar las causas y los orígenes que la determinen, entender el problema y sus consecuencias y proponer soluciones operables, aplicables y evaluables.

Las víctimas deben estar en el centro de la discusión y el debate. La prevención de actos violentos implica educar para la paz, formar a un hombre nuevo, para lo cual debe de analizarse la violencia y sus consecuencias, así como sus efectos, los costos sociales y humanos que generan la muerte, las lesiones, los daños psicológicos; atender a las personas que viven los traumas físicos y psicológicos; entender su multicausalidad retomando todos los factores, desde los sociales y antropológicos, hasta la pobreza, la impunidad y la mala educación, la corrupción en el sistema de justicia, en las policías y la confrontación que viven la sociedad y el Estado.

Es necesario apelar a la parte social para detener la violencia, desde controlar el uso de narcóticos, el consumo de alcohol, la falta de espacios de recreación, la participación directa de las comunidades y las políticas gubernamentales de represión y control, y combinarlas con la prevención y la construcción de redes sociales, y analizar los tipos de violencia, impacto en lo social, como en la calidad de vida y sus efectos en el desarrollo económico.

El periodista Javier Valdez Cárdenas, en su libro Los huérfanos del narco, los olvidados de la guerra del narcotráfico, escribe una crónica sobre los niños víctimas indirectas del narcotráfico, de las muchachas descalzas, de los adolescentes perdidos, de los desplazados, de la depresión de los huérfanos que perdieron a sus padres víctimas de la violencia, los secuestros, la tortura o el asesinato.

Quienes son hijos de narcotraficantes o de policías, de trabajadores del campo o de maestros, hijos desolados de oficinistas, mecánicos, amas de casa, comerciantes, víctimas de una violencia que carcome a nuestro país.

El libro en mención, una entrega del periodismo de investigación, editado por Aguilar, conmueve sobre la manera en que sobreviven los desamparados que perdieron a sus familias y también toda esperanza. Huérfanos del narco es la voz de los niños vivos y muertos, es un testimonio real de lo que pasó en Ayotzinapa, en Culiacán, en Tamaulipas, un libro que da voz a los desposeídos, que visibiliza a las víctimas, que es conveniente leer. n