Periodismo muerto

Escrito por  Raúl Sendic García Estrada Nov 14, 2019

Periodismo muerto es el título del libro de Bernardo Díaz Nosty, en el que analiza la situación actual de la prensa frente a los fenómenos de violencia y da una cifra contundente de que más de mil periodistas fueron asesinados en América Latina entre 1970 y 2015, el escenario más peligroso del mundo para el ejercicio profesional, incluso en países sin guerra oficialmente aceptadas.

Desde las dictaduras hasta el narcopoder, desde México y el Caribe hasta el Cono Sur, ningún otro libro entrega una radiografía tan profunda sobre este problema; un mal ya endémico que exige solución urgente. De no resolverse, las sociedades latinoamericanas (junto con la libertad de prensa) perderán todos los derechos por los que han luchado.

Con una bibliografía exhaustiva y un análisis tan riguroso como aterrador, Bernardo Díaz Norty nos muestra cómo la crisis de justicia produce impunidad y perpetúa la ley del terror.

Indica que el homicidio es la  manera de censura más extrema, pero “antes de llegar al asesinato suele producirse el acoso sobre el periodista y sus familiares, las agresiones físicas, la estigmatización, las extorsiones… Todo ello conduce a la quiebra de la independencia profesional, a la renuncia de la actividad periodística, al exilio, cuando no a la claudicación y a la entrega a las condiciones que establece el enemigo.”

Allí donde existen la violencia, el silencio cómplice y los intereses corrompidos, encontramos el periodismo muerto.

El texto da cuenta de un excelente trabajo en el que el lector transita del interés a la inquietud, hasta llegar a la indignación; un trabajo en el que se relatan hechos reales de una manera implacable; un estudio que analiza caso a caso la numeralia de la violencia contra los periodistas, hasta el dato doloroso de que fueron mil 56 profesionales de la información asesinados en América Latina entre 1970 y 2015.

La pregunta obligada es: ¿quién es el enemigo de los periodistas? La represión, la impunidad, las dictaduras, el terrorismo de Estado y la acción criminal de narcotraficantes y grupos de poder.

El periodismo es una profesión de alto riesgo y de ejercicio inviable y heroico; el acoso a los periodistas es cosa de todos los días, con lo que se plantea una impunidad y una libertad usurpada.

Las agresiones van desde las amenazas y los hostigamientos a los asesinatos. Como ejemplo, la guerra psicológica a Lydia Cacho, periodista multipremiada y reconocida en el mundo. En sus testimonios dijo: “el miedo se coló en mis sueños… primero entregaría mis manos a mi pareja, luego mi cabeza a mi padre”.

Hay otros periodistas que van de la mano del poder, por decisión propia, por precaución o por presión editorial; hay quienes se resisten y muchas veces pagan con su vida por no corromperse.

Es muy difícil practicar la libertad de prensa, es un acto heroico, suicida; los comunicadores en muchos casos sufren la precariedad laboral, la amenaza del Estado y de poderes fácticos.

Periodismo muerto señala la vulnerabilidad de los periodistas, víctimas de la precariedad laboral, de los peligros sobre la integridad física; las agresiones van desde las amenazas y las desapariciones forzadas a la muerte.

El epicentro de la crisis no está en Oriente Medio; está en México y en Latinoamérica.

El origen del mal está en la impunidad, en la violencia exacerbada en guerras internas e intestinas, como la guerra sucia del Estado mexicano contra los movimientos armados en la sierra de Guerrero y otros puntos del país, en momentos en que el periodismo fue sometido a los designios del poder, hasta llegar a  la guerra contra el narco, aquella que declaró Felipe Calderón al comienzo de su sexenio en la búsqueda de legitimarse. La amenaza se acompaña de la impunidad, de la ley del silencio, del aumento de la violencia, de una expansión violenta y criminal, de ingobernabilidad y de Estados fallidos.

“El asesinato de periodistas constituye la más grave violación del derecho a la libertad de expresión”: OEA. n