A 35 años de San Juanico

Escrito por  Ginés Sánchez Dic 10, 2019

El 19 de noviembre de 1984, a las 5:46 de la mañana, el piloto de un avión de la ya hoy extinta línea estadunidense Panam, que se disponía a aterrizar en el aeropuerto Benito Juárez de la ciudad de México, alertó atónito a la torre de control de una posible explosión nuclear.

Lo que la tripulación veía no era el hongo causado por una bomba atómica, por más parecido que fuera; era una imponente explosión de gas de petróleo líquido llamada tipo bleve o “explosion de líquido en ebullición y vapor expandente”, que se alzó a más de 400 metros en el cielo, en medio de una zona habitacional densamente poblada.

La tragedia ocurrió en una planta de almacenamiento de Pemex construida a principios de los años 60 en el valle de San Juanico, poblado de San Juan Ixhuatepec, municipio de Tlalnepantla, en el estado de México, donde había seis tanques gigantes esféricos y 48 cilíndricos de menor tamaño.

A partir de la primera explosión y durante 90 minutos se registraron otras 18 grandes explosiones. En total explotaron cuatro enormes esferas y 15 cilindros de gran tamaño, que cimbraron la Tierra.

Cientos de bomberos de varios municipios vecinos y del entonces DF batallaron durante más de 18 horas con las llamas, en un esfuerzo mucho más heroico que prudente; las víctimas mortales se estimaron en unas 600 –pero la cifra real nunca se supo a ciencia cierta–, mismas de las que sólo pudieron ser identificadas menos de 5 por ciento, y enterradas en fosas comunes; hubo más de 60 mil damnificados y también más de 2 mil heridos, muchos de ellos afectados y marcados de por vida.

El fuego llegó hasta una distribuidora y embotelladora privada de gas LP, donde más de 500 cilindros de gas doméstico explotaron; algunos llegaron a más de 100 metros de distancia; el resplandor de las explosiones más grandes se vio hasta lugares tan lejanos como el Ajusco, al sur de la ciudad de México, y los sismógrafos registraron sismos menores en la ciudad por la misma causa.

En un principio, los años siguientes a la tragedia, no se permitió la construcción de viviendas en un radio menor de 300 metros, pero con el tiempo la mancha urbana ha llegado a tan solo unos 100 metros de distancia de las mismas instalaciones.

Era sólo uno de los muchos episodios trágicos del sexenio 1982-1988, encabezado por el presidente Miguel de la Madrid Hurtado, que se sumó a otros, como la erupción del volcán Chinchonal; la quiebra de las finanzas públicas heredada de la administración anterior –de José López Portillo y sus terribles consecuencias, como la inflación galopante–; luego los apocalípticos terremotos de septiembre de 1985; la muerte de su secretario de Educación e ideólogo del régimen, Jesús Reyes Heroles; el huracán Gilberto, en 1988, entre otros.

Hace tres semanas, el 19 de noviembre de 2019, se cumplieron 35 años de aquel infierno, que hoy recordamos, dantesca desgracia y año. Rendimos tributo a todas sus víctimas. n