El debate de las drogas

Escrito por  Raúl Sendic García Estrada Dic 19, 2019

Otra vez está a debate la despenalización y regulación en el uso de las drogas en nuestro país, en el cual su uso data de tiempos inmemoriales. Los hongos, el peyote y la mariguana se encuentran arraigados en la cultura y tradiciones de infinidad de pueblos indígenas. Son parte ya de su cosmogonía y sus rituales.

La mariguana llegó a México después de la Conquista, traída por los españoles, y se arraigó su uso, primero como una explotación comercial, para producir fibras textiles, y a partir del siglo XIX con fines de consumo. Con la Constitución de 1917 se volvió constitucional su prohibición, de acuerdo con las políticas internacionales, de evitar el crecimiento en el consumo de las drogas.

El Triángulo Dorado, formado por Chihuahua, Durango y Sinaloa, en el norte del país, y en el sur, Guerrero, Michoacán y el estado de México, son los lugares en los que ya por tradición existe la producción de la mariguana y de la amapola, los cuales se ha enfrentado al prohibicionismo que tiene ya casi cien años en México y que no ha dado resultados esperados, pero sí ha hecho crecer un comercio ilegal y un mercado que se disputa a balazos y que ha dejado en nuestro país un gran derramamiento de sangre.

La regulación de las drogas se ha vuelto un debate de actualidad, y las iniciativas y la intención primera de legalizar la mariguana y luego la amapola se une a la política internacional con este fin, frente a un problema mundial de drogas, que es necesario reevaluar y reflexionar sobre la pertinencia de prohibir frente a una circulación masiva de drogas que se ha incrementado en los recientes años y se ha diversificado desde la mariguana, la cocaína y la heroína hasta las drogas llamadas sintéticas.

Las drogas y su legalización o no esconden infinidad de intereses económicos que podrían entrar en conflicto si se legalizaran, como es el gran negocio del combate a las drogas, el financiamiento internacional para evitar los cultivos, los grandes negocios que se hacen al amparo de la corrupción, pero posiblemente se podría evitar nuevos baños de sangre frente al fenómeno del fortalecimiento y diversificación de la delincuencia organizada, que cada día se enfrasca en luchas intestinas por el control del territorio y diversifica sus actividades con el secuestro, el robo, la extorsión, la trata y el tráfico de personas, además del cobro del derecho de piso.

Estamos viviendo un fuerte incremento en los niveles de violencia y conflictividad que permea en casi todo el territorio nacional, con grupos delictivos locales y algunos otros nacionales o de talla internacional, que van creciendo al amparo de la corrupción y el desgobierno, particularmente en las más grandes zonas de pobreza y marginación, con grupos delictivos cada día más sanguinarios que han transformado la vida cotidiana de las regiones del estado y que mantienen en vilo a la población en la conjunción de la violencia y la inseguridad, la desigualdad, la pobreza y la represión.

La guerra contra las drogas ha sido fallida y ha dejado una estela de sangre y de dolor en una crisis humanitaria sin precedentes y con violación a los derechos humanos, con fuerzas militares en tareas policiacas, con matanzas, con torturas, desapariciones forzadas y asesinatos, en medio del conflicto un resquebrajamiento del tejido social que cada día es más difícil de resarcir.

Urge analizar las iniciativas de despenalización de los narcóticos, con elementos médicos, psiquiátricos, sociológicos, que elaboren un análisis a profundidad sobre las expectativas en la legalización de las drogas, como las propuestas que existen para el cultivo de la amapola con fines científicos y médicos, y la propuesta de hacerlo en Guerrero, uno de los estados más lastimados por la violencia y la criminalidad, frente a una política antidrogas que ha sido un desastre y que no tiene pies ni cabeza.

La legislatura local en Guerrero tiene en sus manos una iniciativa de ley para regular el cultivo de la amapola, de la cual se extrae la heroína, con el fin de abatir los índices de violencia que existen en el estado y que nos ha llevado a una crisis humanitaria sin precedentes. El estudio del gobierno federal que ya circula, Propuesta para la Legalización del Cultivo de la Amapola con Fines Científicos y Médicos, plantea que abatir las ganancias de los grupos criminales ayudará a los campesinos pobres de las zonas de cultivo y proporcionará alivio a los enfermos que necesitan medicamentos derivados del opio y que por su precio y escasez están fuera de su alcance. n