Negociaciones del T-MEC

Escrito por  Ginés Sánchez Dic 23, 2019

En las arduas y difíciles renegociaciones del otrora TLCAN, que hasta en el nombre supone un nuevo instrumento comercial para México , Estados Unidos y Canadá, sería ingenuo pensar que todo el equipo negociador mexicano (y de los otros dos países en cuestión), que en realidad fue encabezado en su conjunto por Marcelo Ebrard y el presidente López Obrador en el caso mexicano, por encima del señor Seade y todo el equipo del gabinete económico, solamente se enfocó en los aspectos económicos y comerciales. Todo el proceso supuso un muy tenso paquete de tópicos e intereses para las tres naciones, y de toda indole: comerciales, laborales, económicos, políticos, penales, de tráfico de armas y drogas, migratorios y más. En resumen, se puede denominar que fue una negociación geopolítica, sin más.

En política no suele haber tantas casualidades, y sin embargo estas se dieron, y en escasos días, como el rescate y asilo al presidente de Bolivia Evo Morales en momentos aciagos, pero quién puede afirmar que no fue, a la par de México hacer un guiño a toda la izquierda latinoamericana y refrendar su tradición de asilo político y humanitario, aprovechar la coyuntura para tener una ficha más en plenas negociaciones, así que la poco prematura e intempestiva salida de Evo, la presentación del libro de la periodista en temas de narcopolítica Anabel Hernandez, donde se ventilan barbaridades de los 12 años de gobiernos panistas, haciendo enfasis en la colusión del calderonato con el crimen organizado, más el ya mencionado caso de la despedida a Mexico de Evo Morales, la detención en Estados Unidos del omnipotente secretario de Seguridad Pública en el sexenio de Felipe Calderón, Genaro García Luna (con la informacion de sobra que ya tendría, desde hace años, la DEA), el trabajo hecho por México para contener la migración ilegal hacia el norte, la evidente cesión en cuanto a una supervisión de los otros dos socios comerciales inmersos en las negociaciones en aspectos laborales, y aun las causas que puedan derivarse del inminente juicio en Estados Unidos a García Luna. Bien, todo esto pudo, muy posiblemente, haberse negociado todo en bloque.

En política, mucho se opera tras bambalinas; lo que la opinión pública ve y sabe sólo podría asemejarse a una punta de iceberg que asoma en el mar; 90 por ciento permanece bajo el agua y ajeno a la vista de todos. Así, pues, bien podríamos decir que las negociaciones fueron un éxito para los tres países; en el toma y daca, los tres obtuvieron beneficios, cediendo tambien a demandas y peticiones de los otros dos. El nuevo tratado se firmó en México, en Palacio Nacional, y bien puede considerarse, ya en una visión global, que México habria resultado “el ganón”, ya que a todas luces, con el caso García Luna, se ha desactivado la parte más nociva de la oposición al actual gobierno, esa sin moral, ni escrúpulo alguno, que era capaz de lo que fuera con tal de ver descarrilado el proceso de la cuarta transformación, al actual gobierno y, mezquinamente, al país entero; sí, a su propio país.

De ese tamaño es la obsesión por el poder y la maldita envidia de un grupo, que en sus 12 años que tuvo como oportunidad de gobernar (2000-2012), sólo dejó como saldo, de lo que pudo haber sido una exitosa transición democrática, brutales retrocesos en no pocos ámbitos de la vida nacional que aun hoy padecemos, y nadie sabe por cuántos años más lo seguiremos haciendo. n