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Reflejos de la guerra sucia

Escrito por  Raúl Sendic García Estrada Dic 27, 2019

En la Feria Internacional del Libro en Acapulco llegó a mis manos el referido libro, que analiza la guerra sucia desde la historia, la literatura, la música y las imágenes. Sus autores: Judith Solís Téllez, Francisco Ávila Coronel y Maribel Nicacio González, y Ana María Cárabe, como coordinadora.

El texto, desde el prefacio, apunta que en el periodo entre 1960 y 1980 existió en México y particularmente en Guerrero una permanente operación contrainsurgente frente los movimientos armados y grupos disidentes, con altos niveles de violencia, que alcanzó también a la población sin militancia.

Las prácticas gubernamentales de represión incluían agresiones violentas a las manifestaciones, terrorismo de Estado, torturas y desapariciones forzadas, además del asesinato masivo y selectivo de líderes sociales.

En este trabajo, sus autores analizan y exponen los medios de los que se valió el pueblo de Guerrero para preservar la memoria histórica, de fijación, como lo serían la historia, la literatura, la música y las imágenes, que dan cuenta de la historia no oficial, sino la historia de la resistencia, conservando la memoria histórica de aquellos hechos que marcaron la vida social y política del estado y que hoy se analizan después de casi 40 años.

El pueblo tiene memoria que no corresponde a la historia oficial, sino la que se construye por el pueblo mismo y que ha sido de gran valía para comprender este periodo histórico que ha sido negado junto a una generación, y que ha sido replicado en represiones como la matanza de Aguas Blancas en 1995 y los recientes hechos contra estudiantes de la normal Raúl Isidro Burgos.

El documento utiliza las fuentes bibliográficas, los archivos, los testimonios de la época, la hemerografía, la literatura, los videos, las grabaciones y la música de protesta, que dan testimonio en el capítulo El corrido como testimonio popular de los problemas sociopolíticos de la guerra sucia del estado de Guerrero, 1960-1980, de Ana María Cárabe, aludiendo a este vehículo comunicativo que Vicente T. Mendoza menciona como épico, lírico, trágico y narrativo, y que fija la cosmovisión del pueblo y se transmite de boca en boca, incluso entre las personas que no saben leer ni escribir.

Militantes y simpatizantes de los movimientos armados, corridistas y trovadores del pueblo emprenden su trabajo, describiendo matanzas, acciones guerrilleras, describiendo el ánimo de la población y difundiéndolo ampliamente en los sectores populares, llamando a la continuación de una revolución inconclusa, cantando la libertad, a la justicia, a la esperanza, como los corridos que compuso Rosendo Radilla, hoy desaparecido, haciendo un trabajo profundo sobre la lucha social y revolucionaria de esas tres décadas, un grito desesperado frente a la pobreza, la explotación y la barbarie.

En el segundo capítulo, los autores han estudiado la versión oficial de la guerra sucia, particularmente en la prensa y en los medios de comunicación, controlados férreamente por el Estado, que difundía de esa manera la versión oficial y que justificaba sus acciones condenables.

La versión oficial de la guerrilla, como instrumento del Estado, en una política contrainsurgente de desprestigio hacia los movimientos armados y de sus principales líderes que fue operado por la policía política, con textos policiacos manipulados, testimonios falseados y una estructurada campaña de desprestigio y difamación.

En el capítulo tercero, el tema de la guerrilla, en la obra narrativa y poética de cuatro escritores guerrerenses: Baloy Mayo, Felipe Fierro Santiago, Roberto Ramírez Bravo y Jesús Bartolo Bello López; Antología mínima, de la autoría de Judith Solís Téllez, que une el trabajo y los escritos dispersos de cuatro escritores de gran valía que llevan el tema a la literatura, al cuento, la novela, la narrativa y la poesía.

El último capítulo, la imagen de Genaro Vázquez Rojas como símbolo y representación del mito, analiza la fotografía de Armando Lenin Salgado, fotógrafo guerrerense, quien tomó la instantánea iconográfica de la figura del comandante, sobre la cual se ha hecho una construcción histórica que por más de 40 años ha sido utilizada por diversos movimientos sociales, políticos, armados, campesinos, estudiantiles y que hoy es el símbolo de la resistencia frente al poder. n